El 19 de enero de 2026, en la intimidad de su casa en Roma y rodeado de su familia, se apagó la vida de Valentino Garavani a los 93 años. Con él se va algo más que un diseñador: se despide una época en la que la alta costura hablaba el lenguaje del lujo sin pedir disculpas, del glamour entendido como ceremonia y del color convertido en identidad. La noticia fue confirmada por la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti a través de Instagram, sellando con sobriedad un adiós que ya es historia.

Roma será escenario del último homenaje. El velatorio público tendrá lugar los días 21 y 22 de enero en la Piazza Mignanelli, frente a la histórica boutique que fue testigo de tantas consagraciones, y el funeral se celebrará el 23 en la Basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires. Allí, la ciudad eterna despedirá a uno de sus hijos adoptivos más universales.

Valentino fue, durante décadas, el sinónimo mismo de la elegancia. Sus hombreras anchas, la opulencia cuidada al detalle y, sobre todo, el inconfundible “rojo Valentino” marcaron un estilo reconocible a simple vista. No diseñaba para el anonimato: vestía a iconos. Jacqueline Kennedy, Elizabeth Taylor, Julia Roberts, Gwyneth Paltrow, Nancy Reagan, Sharon Stone o Jennifer López encontraron en sus creaciones un lenguaje común de sofisticación y presencia.

Nacido en Voghera, en la región de Lombardía, en mayo de 1932, Valentino comprendió pronto que su destino estaba más allá de las fronteras italianas. A los 17 años se trasladó a París para formarse en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne, donde absorbió la disciplina y el rigor de la gran tradición francesa. Allí trabajó junto a maestros como Jacques Fath, Cristóbal Balenciaga, Jean Dessès y Guy Laroche, una escuela de excelencia que moldeó su visión estética.

En 1960 fundó su propia casa de moda y, dos años después, presentó al mundo el color que lo haría eterno. El “rojo Valentino”, inspirado en un viaje a España, no fue solo un tono: fue una declaración de principios. Tan central fue ese color que, en su última colección como director creativo en 2007, todas las modelos desfilaron vestidas de rojo, como un cierre circular, consciente y emotivo de una obra total.

Nunca persiguió la provocación por la provocación misma. Como recordó Alexandra Shulman, exeditora de British Vogue, Valentino “encarnaba el glamour y el lujo” y no pretendía ser el más vanguardista, sino crear ropa hermosa. Y lo logró. Supo entender antes que muchos el poder de la alfombra roja: sus vestidos no estaban pensados para la rutina, sino para el instante memorable, para la imagen que queda grabada en la memoria colectiva.

Ese legado fue reconocido en vida. En diciembre de 2023 recibió el premio a los logros destacados en los British Fashion Awards, en el Royal Albert Hall, un homenaje a una carrera que definió la alta costura italiana y dialogó de igual a igual con la tradición francesa.

Hoy, con su partida, se cierra una era dorada de la moda del siglo XX y XXI. Pero Valentino Garavani no se va del todo. Vive en cada silueta impecable, en cada vestido de gala que busca emocionar, en cada rojo que recuerda que el lujo también puede ser atemporal. Descansa en paz, emperador de la moda. Tu reinado ya es eterno.

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