🍷 Cuando el vino deja lugar al martillo: el remate de una bodega histórica en Carmelo

Es una de las bodegas más antigüas y tradicionales de Uruguay. Aunque sus fundadores fueron inmigrantes vascos, sin duda quien la llevó a la fama fue don Dante Irurtia, el patriarca familiar. 

El próximo 11 de marzo de 2026 no habrá brindis, ni aroma a vendimia reciente, ni lanzamiento de nuevas etiquetas. En cambio, a las 14.00 horas, el sonido que marcará el pulso del día será el seco golpe del martillo judicial. Ese miércoles, una de las bodegas más emblemáticas de Carmelo saldrá a remate público por disposición del Juzgado Letrado de Carmelo de 2.º Turno, en un acto que señala un punto de quiebre en la historia productiva de la ciudad.

AREA TOTAL /Desde Colonia del Sacramento EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.

La escena tendrá lugar en el propio establecimiento, sobre la avenida Ingeniero Químico Dante Irurtia, en la salida hacia el paraje El Cerro. Allí, con la presencia de un alguacil y bajo la conducción del rematador José Ignacio Borrazás, se subastará en dólares, sin base y al mejor postor, una fracción rural de más de seis hectáreas, diseñada para la producción vitivinícola a gran escala.

No es un predio cualquiera el que pasará por el estrado del remate. El padrón N.º 19.326 concentra una infraestructura que habla de otra época: planta de envasado de líquidos, sectores de embotellado y expedición, destilería, cavas, depósitos, galpones, oficinas y hasta un muelle sobre el arroyo de las Vacas. Más de 7.700 metros cuadrados edificados que reflejan décadas de inversión, trabajo y ambición industrial.

Visto desde el aire —como lo evidencian las imágenes que acompañan el aviso judicial— el conjunto impresiona: grandes naves, piletas circulares, caminos internos y el verde que rodea al complejo explican por qué esta bodega fue durante años un pilar de la vitivinicultura local y regional. Carmelo creció a la par de estas instalaciones, y buena parte de su identidad productiva quedó fermentada entre esos muros.

El aviso publicado en la sección Remates del diario El País es tan preciso como implacable. Detalla superficies, deslindes y antecedentes catastrales, pero también deja constancia de las incertidumbres: se desconoce la situación ocupacional del bien, las deudas tributarias vigentes y su estado frente a organismos como el BPS. Como todo remate judicial, el inmueble se ofrece en el estado material, fiscal y jurídico en que se encuentra, sin posibilidad de reclamos posteriores.

Las condiciones son claras y estrictas: una seña del 20 % en el acto y el pago del saldo dentro de los 20 días corridos posteriores a la aprobación judicial. Todo bajo el marco legal que regula las operaciones rurales y las restricciones vigentes para transacciones en efectivo.

Pero más allá de los números, los papeles y los plazos, el remate de la bodega Irurtia encierra algo más profundo. Es, al mismo tiempo, un final y una incógnita. El cierre de un ciclo empresarial ligado al vino y a la tierra, y la posibilidad —todavía abierta— de un nuevo comienzo.

Ese miércoles de marzo, entre ofertas medidas y silencios expectantes, no solo se adjudicará un predio. Se pondrá precio a un símbolo, a una parte de la memoria económica y social de Carmelo. Y en ese gesto, inevitablemente, también se evaluará cuánto vale el pasado y qué futuro está dispuesto a imaginar el mercado para este histórico enclave productivo.

Fuente: Carmelo Portal

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