Historia, frontera y memoria de un nacimiento que todavía se discute

En Rivera, la historia no se escribe en líneas rectas. Se escribe en la frontera, en la superposición de hechos, leyes, decretos y vidas que llegaron antes que las actas. Por eso, la verdadera fecha de fundación del departamento y de la ciudad sigue siendo motivo de debate, una discusión que no divide: interpela. Porque discutir el origen es, en definitiva, preguntarse quiénes somos.

AREA TOTAL/ Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.

PRIMERA PARTE

Para la comuna riverense, el 20 de julio es una fecha emblemática. Ese día se conmemoran 159 años de la inauguración del Pueblo Rivera, ocurrida en 1867. No es un dato menor: fue el acto que cerró formalmente un largo proceso fundacional iniciado cinco años antes, en 1862, cuando una ley del gobierno de Bernardo Berro creaba la Villa Ceballos frente a frente con Santa Ana do Livramento, como respuesta política y territorial a las tensiones fronterizas con el Imperio del Brasil.

Aquella ley no surgió por azar. El Estado oriental entendía que fundar pueblos en la frontera era una forma de afirmar soberanía, de “orientalizar” el límite norte. La población existente había quedado vulnerable en el valle, expuesta a eventuales posiciones militares ubicadas en los actuales cerros del Marco y Marconi. Fundar, poblar y ordenar era una necesidad estratégica.

Y el pueblo respondió antes que el papel. Menos de un mes después de promulgada la ley, Santiago y Simón Queirolo ya estaban instalados sobre la línea divisoria con sus carretas cargadas de mercaderías. Pronto los siguieron vecinos de Livramento, que cruzaron con familias, aserraderos, olarías, canteras, fábricas de tejas y comercios. El plano del ingeniero brasileño Luppi, de 1865, ya mostraba una comunidad viva, organizada, productiva.

Pero la historia no siempre avanza al ritmo de los decretos. Las luchas políticas de 1863, entre Venancio Flores y Berro, paralizaron las acciones administrativas previstas en la ley fundacional de Villa Ceballos. La inauguración oficial nunca se concretó. El pueblo existía, pero sin acto.

Recién tras el regreso de Flores al poder, luego de la Guerra del Paraguay, el Estado retomó el proceso. El 26 de junio de 1867, un decreto creó oficialmente el Pueblo Rivera, en homenaje al coronel Bernabé Rivera. La nueva población debía asentarse donde ya existían casas —Villa Ceballos— o, en su defecto, a unas 20 o 30 cuadras más allá del Cuñapirú.

Cuando el jefe político de Tacuarembó, Carlos Reyles, llegó a la frontera el 14 de julio de 1867, se encontró con una realidad contundente: 341 habitantes, casas, quintas, comercios, escuela, policía, aduana, juzgado y una Comisión Auxiliar que administraba la villa. Ante ese escenario, ordenó al agrimensor Martín Pays realizar el trazado urbano de lo que ya era, de hecho, una ciudad.

El 20 de julio de 1867, en la casa de la familia Cotteins —aún en pie en calle Ceballos casi Joaquín Suárez— se firmó el acta de creación del Pueblo Rivera. Fue un acontecimiento multitudinario para la época. El diario La Tribuna de Montevideo registró discursos, declamaciones poéticas, concierto de piano, canciones y un baile que cerró la jornada. Aquella noche se cruzaron, de manera casi insólita, tres hechos administrativos clave: la inauguración pendiente de Villa Ceballos, la creación del Pueblo Rivera y el trazado urbano definitivo.

Para los vecinos, ese acto era vital. Desde ese día comenzaban a correr siete años de exenciones tributarias previstas en la ley de 1862, y se regularizaban solares, quintas y chacras. El propio plano de Martín Pays lo deja claro: “Plano de las manzanas y solares del Pueblo Rivera, creado por ley del 7 de mayo de 1862 y ordenada para la práctica de todas las operaciones de mensura por decreto del 26 de junio de 1867”.

Cumplido ese paso, Rivera inició oficialmente su camino. Vendrían más de 150 años de trabajo, de tensiones fronterizas, de luchas y encuentros, hasta construir —por decisión propia— una frontera de paz y convivencia solidaria.

Así lo sostiene el profesor Dr. Eduardo R. Palermo, del Museo del Patrimonio Regional. Pero cuando se revisan los documentos del Dr. Waldemar Rodríguez Navarro, las certezas empiezan a resquebrajarse. ¿Es fundación la ley? ¿Es el decreto? ¿Es el acto? ¿O es la vida que ya estaba allí antes de cualquier firma?

La duda permanece. Y quizás sea parte de la identidad riverense: nacer más de una vez, existir antes del reconocimiento, crecer entre dos países y una sola comunidad.

Para despejar esa incógnita, PERIODISTAS EN RED inicia una investigación profunda en el portón de entrada del Uruguay, allí donde la historia no es una fecha fija, sino un proceso vivo. Porque entender cuándo nació Rivera es también entender por qué es como es: fronteriza, resiliente y profundamente humana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *