Un verano atado al dólar: cuando la temporada se discute en voz baja
En los pasillos de los hoteles, en las mesas de los restaurantes y en las oficinas inmobiliarias de Punta del Este, el tema de conversación se repite con insistencia. No es el clima, ni la ocupación, ni siquiera el tránsito. Es el dólar. O mejor dicho, su bajo precio. Un factor que se volvió omnipresente y que amenaza con desdibujar lo que, en la previa, se anunciaba como una temporada auspiciosa para el sector turístico.

La caída de más del 11% del tipo de cambio encendió luces amarillas entre empresarios, operadores y propietarios. El impacto no se siente solo en las cifras macro, sino en la cotidianeidad del negocio: alquileres, impuestos, contribuciones y márgenes cada vez más ajustados. “El dólar preocupa a todos”, resumió el operador inmobiliario Nicolás de Módena en diálogo con FM GENTE, poniendo en palabras una inquietud que atraviesa a todo el sector.
El problema se agrava cuando el ajuste se combina con la inflación. Las rentas de temporada se pactan en dólares, pero los costos se pagan en pesos. Al momento de afrontar contribuciones e impuestos, muchos propietarios sienten el golpe. “Ahí aparecen las quejas”, explicó De Módena, describiendo un escenario donde los números ya no cierran como antes.
Este verano tuvo, además, una particularidad: el regreso de un público argentino de clase media, algo que el año pasado había sido excepción. La expectativa de una mayor demanda llevó a varios propietarios a intentar subas del 10% o 20% en las tarifas. Sin embargo, el mercado fue implacable. Algunos tuvieron que “rematar” precios sobre la hora para no quedarse sin alquilar; otros, directamente, vieron pasar la temporada con las propiedades vacías. Un contraste brutal entre la ilusión previa y la realidad.
A estos factores económicos se suma un problema estructural que año a año se vuelve más visible: el tránsito. La península, históricamente símbolo del Este, comienza a perder atractivo para muchos turistas. Calles saturadas, dificultades para estacionar y un parque automotor que crece más rápido que la infraestructura. “Cada vez menos gente quiere estar ahí”, señaló De Módena, quien advirtió que incluso los apartamentos con cochera ya no alcanzan. Familias que llegan con dos o tres autos terminan estacionando lejos, desde la Parada 1 de la Brava en adelante, resignando comodidad.
El resultado es un cambio silencioso pero constante en la valoración de las propiedades de la península, que comienzan a bajar frente a otras zonas más accesibles y tranquilas. Un síntoma más de un modelo que empieza a mostrar desgaste.
En paralelo, el sector busca hacer oír su voz. De Módena confirmó reuniones políticas con el senador colorado Andrés Ojeda, quien recorre el departamento para recoger información de primera mano. Señales de que las preocupaciones del turismo ya no se quedan solo en el ámbito privado, sino que empiezan a tocar las puertas del sistema político.
Así transcurre la temporada: con playas llenas por momentos, pero con cuentas que no terminan de cerrar. Un verano que parecía prometedor, pero que hoy se analiza con cautela. Porque en Punta del Este, este año, el verdadero termómetro no es el sol: es el dólar.
Fuente: FM Gente
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