No fue una entrevista más. Fue un encuentro largamente soñado.
Un diálogo que había que dar, en el momento justo y con las personas justas.
El podcast que hoy presentamos une dos apellidos que pesan en la historia del fútbol del Interior: Canclini y Damico. De un lado, Fernando Canclini, hijo de Juan Bautista Canclini, figura legendaria de la Confederación de Fútbol del Litoral. Del otro, Julio César Damico, periodista, archivista de la memoria deportiva sanducera y uno de los grandes narradores de las gestas del Interior uruguayo.

PODCAST/Desde Fray Bentos y Paysandú ENTREVISTA /EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.
Concretar esta charla fue cumplir un deseo profundo de Fernando Canclini: hablar con Damico para recordar a su padre, pero también para poner en palabras una época, una forma de entender el fútbol y una defensa irrenunciable del Interior, siempre bien parado frente al profesionalismo centralizado de la Asociación Uruguaya de Fútbol
Y lo que sucedió superó cualquier expectativa.
La conversación fue de quilates. Sin apuros, sin poses, sin guiones rígidos. A medida que avanzaba el diálogo, fueron apareciendo aspectos íntimos y humanos de Juan Bautista Canclini que hasta hoy permanecían en segundo plano: el hombre detrás del dirigente, el gestor detrás del cargo, el carácter firme combinado con un don de gente que marcó a generaciones.
Pero también emergió un Damico distinto. Más personal, más reflexivo, compartiendo recuerdos, decisiones, silencios y convicciones que ayudaron a sostener durante décadas una narrativa del fútbol del Interior con identidad propia.
Este podcast no es solo un homenaje. Es un acto de justicia histórica. Un espacio donde la memoria se activa, donde las voces se encuentran y donde el fútbol del Interior vuelve a decir presente, con dignidad, con argumentos y con emoción. Y hasta con llantos en vivo…
Porque hay charlas que informan.
Y hay charlas que quedan.
Esta es una de ellas.

Juan Bautista Canclini: el gerente que convirtió la gestión en prestigio
En el fútbol del Interior hubo dirigentes, hubo conductores y hubo administradores. Pero muy pocos lograron algo más difícil: construir autoridad sin estridencias y respeto sin necesidad de imponerse. Juan Bautista Canclini pertenece a esa estirpe. Hoy su nombre es leyenda, no por los cargos que ocupó, sino por la forma en que los ejerció.
Gerente de la decana Confederación de Fútbol del Litoral, Canclini encarnó una figura que hoy parece casi extinta: la del dirigente chacarero con formación, palabra medida y conducta intachable. Un hombre que entendía que la pasión por el fútbol es indispensable, pero nunca suficiente para sostener una organización deportiva.

Porque trabajar en el fútbol —y Canclini lo sabía mejor que nadie— va mucho más allá del entusiasmo del domingo. Implica estructura, planificación, equilibrio económico, orden administrativo y visión política. Implica comprender que una confederación no se maneja solo con resultados deportivos, sino con credibilidad institucional.
Y en ese terreno, Canclini calzaba justo.
El gerente antes de que el cargo tuviera nombre
Cuando todavía no se hablaba de “management deportivo”, Juan Bautista Canclini ya ejercía, en los hechos, el rol de gerente integral. Coordinaba, administraba, resolvía conflictos, cuidaba las formas y defendía los intereses de la Confederación del Litoral con una mezcla poco común de firmeza y elegancia.
Entendía que una organización deportiva funciona como una empresa social: necesita contables, planificación, logística, comunicación, eventos bien organizados y relaciones institucionales sólidas. Pero también necesita algo que no figura en ningún manual: don de gente.
Canclini lo tenía. Y en abundancia.
No levantaba la voz, no buscaba protagonismo, no necesitaba imponerse. Su autoridad nacía de la coherencia, del cumplimiento de la palabra, del respeto ganado con años de trabajo silencioso. Era de esos hombres que, cuando hablaban, hacían que la sala escuchara.

Una personalidad de otra época
Quienes lo trataron coinciden en lo mismo: Canclini era un señor. En el sentido más profundo del término. Representaba una forma de dirigencia que hoy se extraña: la del dirigente rural, austero, frontal, respetuoso de las instituciones y de las personas.
Esa generación de dirigentes chacareros entendía el fútbol como un bien común, no como un trampolín personal. Y Canclini fue uno de sus mejores exponentes. Su conducta era casi pedagógica: enseñaba sin discursos, simplemente mostrando cómo se debía actuar.
El encuentro que lo dijo todo
Lo conocimos personalmente una noche, en la sede de la Organización del Fútbol del Interior. No fue un acto, ni una presentación formal cargada de protocolo. Fue un encuentro simple, casi cotidiano. El entonces presidente de la OFI, el coronel Héctor Lazcano, lo presentó con naturalidad.
Bastaron pocos minutos de conversación para entenderlo todo.
Su forma de escuchar, de hablar pausado, de mirar a los ojos, de medir cada concepto. No hacía falta conocer su currículum para saber que estábamos ante alguien que había dejado huella. En ese breve intercambio se condensaba lo que significó para el Litoral y para todo el fútbol del Interior su figura consular.
Canclini no necesitaba explicar lo que había hecho. Su presencia lo explicaba sola.

La dupla fraybentina que marcó época
Si hay una imagen que sintetiza su trayectoria es la de la dupla fraybentina: Ángel Novelazco como presidente y Juan Bautista Canclini a su lado, inseparables. Una conducción que combinó liderazgo político y gestión ejecutiva, visión y orden, fútbol y administración.
Eran tiempos en los que las confederaciones se sostenían más por personas que por estructuras formales. Y cuando esas personas eran las correctas, el sistema funcionaba. Canclini fue el engranaje clave de ese funcionamiento.
Una leyenda sin estridencias
Hoy, cuando el fútbol del Interior enfrenta desafíos complejos y cuando muchas veces se extrañan figuras capaces de unir, ordenar y proyectar, el nombre de Juan Bautista Canclini vuelve como referencia inevitable.
No fue un dirigente mediático. No buscó placas ni homenajes ruidosos. Pero dejó algo más duradero: una manera de hacer, un estándar ético y profesional que todavía hoy sirve de medida.
Canclini no solo gestionó la Confederación del Litoral. Le dio prestigio. Y eso, en el fútbol, es una conquista tan grande como cualquier copa.
Por eso su nombre ya no pertenece solo a la historia administrativa del deporte. Pertenece a la memoria grande del fútbol del Interior. Allí donde están los que no gritaron goles, pero hicieron posible que el juego existiera.

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