Hay dirigentes que se van del poder y desaparecen. Y hay otros que, aun cuando la vida les impone límites, regresan al lugar donde sienten que todavía tienen algo que defender. El Prof. Mario Cheppi pertenece claramente a este último grupo.

En Young, lejos de los focos mediáticos y del ruido político que suele envolver al fútbol del interior, volvió a quedar claro que su figura sigue siendo un punto de referencia para muchos dirigentes. Allí fue anfitrión de una reunión que, para varios sectores, puede marcar el inicio de un nuevo tiempo: el encuentro entre tres Confederaciones decidido a recuperar lo que muchos llaman la OFI real. No se trató de una reunión protocolar ni de una simple foto. Fue, sobre todo, un gesto político y humano.
Porque Cheppi ya no es presidente.
Pero su voz sigue teniendo peso.

LA OFI REAL /EXCLUSIVO Desde Young /ENTREVISTA /EDUARDO MÉRICA y ROMÁN NAPPA para PERIODISTAS EN RED.

Un viaje al pasado que todavía duele

Durante una charla profunda, cargada de memoria y emoción, el ex presidente de la Organización del Fútbol del Interior volvió sobre uno de los episodios que más lo marcaron: el Congreso Electoral de 2022 en Fray Bentos.

Lo dijo sin rodeos.
Sin dramatismo, pero con una sinceridad que estremeció a quienes lo escuchaban.

El dolor que le provocó ver el rumbo que tomó la OFI en los últimos tiempos fue tan profundo que lo llevó a atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida.

Según relató, el impacto emocional de aquellos acontecimientos lo dejó al límite de la muerte.

No hablaba de una derrota política.
Hablaba de algo mucho más íntimo: la sensación de ver cómo una institución que él entendía como una casa común del interior empezaba a alejarse de su esencia.

Cuatro años después, otra batalla

El tiempo pasó.

La vida también le puso límites físicos.
Hoy, por recomendación médica, Cheppi no puede viajar más allá de 100 kilómetros.

Pero eso no significa que esté retirado.

Muy por el contrario.

Desde su lugar, sin cargos formales, volvió a involucrarse activamente en una causa que considera central: recuperar el espíritu original de la OFI.

Un espíritu que, según repite, no se mide en cargos ni en estructuras políticas, sino en algo mucho más simple y profundamente interiorano: la amistad entre dirigentes, aun en medio de la rivalidad deportiva.


La OFI montevideana y el inicio de una guerra silenciosa

Para entender su mirada actual hay que retroceder algunos años más.

Porque, según Cheppi, el conflicto que hoy divide al fútbol del interior no nació de un día para el otro.

Uno de los momentos que marcó ese quiebre ocurrió el 30 de abril de 2019, durante una sesión del Consejo Ejecutivo de la Organización del Fútbol del Interior.

Aquella tarde en Montevideo parecía una reunión más.

Orden del día, actas, dirigentes de todo el país sentados alrededor de la mesa institucional.

Pero algo ya estaba pasando.

El propio presidente lo expresó con molestia contenida:

“Una vez más han trascendido en prensa actuaciones del Ejecutivo que se consideran reservadas.”

La frase apuntaba a una filtración específica.

Información confidencial discutida en una reunión del Ejecutivo —relacionada con el contrato de televisión— había aparecido publicada en el diario El Telégrafo de Paysandú antes incluso de que la OFI pudiera procesarla internamente.

No fue interpretado como un simple episodio periodístico.

Para Cheppi y varios consejeros, aquello era algo más grave: información reservada utilizada como herramienta de presión política.

Cuando la ética se vuelve incómoda

El tema llegó formalmente al punto Ética dentro de la sesión.

Y ahí el clima cambió.

Porque las filtraciones no eran nuevas.
Pero esa vez parecían formar parte de un patrón.

El presidente recordó algo que parecía haberse olvidado:
los consejeros tienen obligaciones estatutarias de confidencialidad.

No es una norma simbólica.
Es una responsabilidad institucional.

Sobre la mesa apareció entonces una posibilidad incómoda pero inevitable:
investigar la filtración y derivar el caso al Comité de Ética.

El problema era que ese comité ni siquiera estaba integrado.

Una ausencia que, vista con el paso del tiempo, muchos interpretaron como una zona gris funcional a ciertos intereses.

La resolución fue clara:
cada Confederación propondría un nombre y, mediante sorteo, se conformaría el tribunal.

Era un intento por cerrar la puerta por donde se estaba escapando la institucionalidad.


El comienzo de una guerra

Mirado con perspectiva, aquel episodio terminó siendo algo más que una discusión administrativa.

Fue, según muchos dirigentes, el inicio de una guerra política interna.

Una guerra silenciosa.

Sin grandes declaraciones públicas, pero intensa en los pasillos, en las filtraciones, en los movimientos estratégicos que buscaban condicionar al Ejecutivo presidido por Cheppi.

Para él, la lógica era clara: no se trataba de una disputa personal, sino de un intento de gobernar al fútbol del interior desde afuera.


La batalla que vuelve a empezar

Hoy, años después, el escenario parece reacomodarse.

Las reuniones entre Confederaciones, los encuentros reservados y los nuevos alineamientos políticos dentro del fútbol del interior muestran que algo se está moviendo.

Y en ese tablero, aunque sin cargo formal, Mario Cheppi volvió a ocupar un lugar de referencia.

No desde el poder institucional.

Desde la experiencia.

Desde la memoria.

Y desde una convicción que repite cada vez que tiene oportunidad: el fútbol del interior sólo puede sostenerse si vuelve a sus raíces.

A esa forma de hacer política deportiva que durante décadas caracterizó a las ligas del país profundo.

Donde, antes que nada, estaba la palabra.

Y después, siempre después, la competencia.

Porque para Cheppi —y para muchos de quienes hoy lo escuchan— la verdadera reconstrucción de la OFI no pasa sólo por estructuras o cargos.

Pasa por recuperar algo mucho más difícil: la confianza perdida entre los propios dirigentes del interior.

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