El Tribunal Arbitral de OFI se expidió respecto a lo ocurrido en el Adelaido Camaiti el pasado 23 de diciembre, en oportunidad de disputarse el partido de vuelta en el clásico libertense por el Cupo Departamental para la Copa A del presente año. Recordemos que Campana había ganado por la mínima en la primera final en el 1° de Mayo y que en la revancha ganaba Juventud Unida 1 a 0, pero finalmente el tricolor logró la igualdad y se quedó con el ansiado lugar en la divisional de privilegio del fútbol del interior.
En Juventud Unida hubo un profundo malestar con la terna que se manifestó al término con duras recriminaciones al árbitro duraznense Rodrigo Saboreo y fundamentalmente al asistente Matías Pérez. La terna fue obligada por jugadores y técnicos de Juventud Unida a ingresar precipitadamente al túnel y los reclamos continuaron en zona de vestuarios.
ANOMALÍAS| Debe recordarse además que el partido sufrió repetidas interrupciones (al menos cinco), debido a la caída en el terreno de juego de bengalas y objetos contundentes.
El “Informe Confidencial” del árbitro denunció que el asistente Matías Pérez fue empujado en el ingreso del túnel por el entrenador de Juventud Fernando Rodino y que cayó por la escalera sufriendo algunas lesiones en un brazo y cadera.
El colegiado también se refirió a las reiteradas interrupciones del encuentro, debido al uso de cohetería sonora y bengalas que se arrojaban dentro del campo de juego. También hablan de algunos elementos contundentes que se detallan.
El fallo conocido se remite solamente a estos hechos que fueron considerados “anomalías en los espectáculos deportivos”, según el reglamento de OFI.
En tal sentido, el Tribunal aplicó sanciones económicas para ambas instituciones, 30 unidades reajustables a Campana y 60 a Juventud Unida. El valor de la UR para el mes de enero es de 1.847,96 pesos, eso significa que Campana deba abonar antes de los 30 días de promulgado el fallo la suma de 55.438 pesos y Juventud Unida 110.878.
DESCARGOS| Las dos instituciones recibieron vista del expediente y pudieron realizar los alegatos correspondientes. Campana atribuyó los incidentes a la parcialidad de su rival de turno y agregó que se produjeron daños en puertas y vestidores en la zona de camarines.
Juventud Unida por su parte alegó falta de pruebas para la acusación de “agresión” que pesa sobre Fernando Rodino, que expresó sus disculpas por los excesos verbales que pudo haber cometido, también planteó que no hay parte policial y por tanto tampoco queda probada la intervención de la fuerza policial. En cuanto a la pirotecnia y bengalas caídas al terreno de juego, expresa que se identificó al responsable y se trata de un menor de edad.
La reglamentación establece que ante la ausencia de elementos probatorios de una y otra parte, cobra total credibilidad el informe confidencial del árbitro y el tribunal dictó su fallo teniendo en cuenta el reglamento.
Las imágenes televisivas sólo documentaron lo que se vivió dentro del terreno de juego y por tanto lo que pasó en el interior del túnel y en zona de camarines queda limitado a la visión del árbitro duraznense Rodrigo Saboreo.
EL RESULTADO| La OFI recaudará 90 UR (unos 166 mil pesos), y se intuye que el entrenador Fernando Rodino tendrá que ver desde la tribuna al menos el primer partido de su equipo en la próxima edición de la Copa B.
Lo que una vez más resulta evidente, más allá de las responsabilidades que pudieran corresponder a los actores del encuentro es que la conducta de “anónimos invisibles” como excusa para quebrar las normas establecidas para este tipo de espectáculos públicos ha perjudicado, perjudica y seguirá perjudicando a las instituciones.
No existe hasta la fecha un solo antecedente a través del cual las acciones anómalas, los hechos desubicados, los insultos o incidentes generados en las parcialidades haya podido revertir un resultado oficial o cambiado un fallo arbitral, independientemente de los errores u horrores del mismo.
Lo que aparentemente no entienden los “vivos” y “guapos” que en medio de una numerosa tribuna hacen caso omiso a lo que las dirigencias del fútbol establecen, es que sus actitudes sólo perjudican a las instituciones sin aportarles absolutamente nada positivo.
Sería muy extraño que “los vivos” organizaran en este caso una colecta para pagar el dinero que sus respectivos clubes tendrán que distraer de otros aspectos importantes de su actividad.
Cuánta indumentaria para las formativas o divisiones infantiles, cuántos materiales necesarios para entrenamientos se deberán relegar para pagarle la fiestita a un puñado de inadaptados que lejos de defender los colores que les identifican, en realidad son un insignificante número de enemigos íntimos metido en el corazón de sus parcialidades.
La pirotecnia sonora está prohibida por la ordenanza departamental y también por los reglamentos de las competencias deportivas. Los voceros de las hinchadas destacan en redes sociales la advertencia al no uso de estos elementos; las bengalas aportan un buen colorido a los ingresos de los equipos, pero cualquier niño sabe que no deben arrojarse dentro del tejido perimetral, también pueden ser peligrosas y ejemplos abundan.
Obviamente que los dirigentes no pueden estar controlando a cada uno de sus simpatizantes para evitar excesos, pero ante la reiteración de esas “pelotudeces” alguien debería intervenir porque cuando llegan las sanciones difícilmente tengan el nombre y apellido del responsable y se sabe que golpearán a la institución en los puntos que más le duelen: dinero, puntos o derechos de localía.
Siempre son lamentables y repudiables estos hechos, pero tratándose de los dos clubes más importantes de la ciudad duelen mucho más. Y se podrá decir que son parte del folclore futbolístico pero los cánticos que van de una tribuna a la otra a veces incitan deliberadamente a la violencia y acá se trata de vecinos, amigos o familiares que después del partido estarán coincidiendo en comercios o reuniones de distintos ámbitos, porque somos pocos y nos conocemos todos.
Tristemente esta situación ha venido “in crescendo” hace décadas no solo en el fútbol del interior sino además en el llamado profesionalismo de AUF con sus coletazos también en el básquetbol.
Aunque se trate de una problemática social que demanda una atención interinstitucional, el fútbol es un hermoso deporte que no merecería estas tristes manchas porque la enorme mayoría de sus simpatizantes sólo quieren vivir una fiesta.
Por Jorge Gambetta. Fuente: La Semana
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