En el Paraje Magallanes, a dos lenguas al oeste de Dolores, el camino de tierra se abre paso entre campos abiertos y montes bajos hasta llegar a un edificio sencillo, de paredes claras y patio amplio. Allí funciona —todavía— la Escuela Nº 72 “Guillermina Arismendi Chiappini”, una de esas escuelas rurales que parecen pequeñas en tamaño, pero inmensas en significado.

Hoy el silencio que la rodea no es el de la siesta ni el de una jornada que recién comienza. Es un silencio distinto, cargado de incertidumbre. Apenas dos alumnos cruzan su puerta cada mañana. Dos túnicas blancas que resisten, casi simbólicamente, el paso del tiempo y las estadísticas. Dos voces que todavía sostienen el eco de lo que fue.

Durante décadas, la escuela fue mucho más que un centro educativo. Fue punto de encuentro para las familias dispersas en el campo, escenario de actos patrios donde flameaba la bandera con solemnidad sencilla, espacio de meriendas compartidas y de cuadernos prolijamente forrados. Allí aprendieron a leer abuelos, luego hijos, luego nietos. Cada generación dejó una huella invisible en sus salones.

El posible cierre no es un trámite administrativo más. Es una herida que se abre en la trama rural. Cuando una escuela cierra, no se apaga solo una pizarra ni se tranca una puerta. Se pierde un faro. Se diluye una referencia. Se achica el mapa afectivo de la comunidad.

En el interior profundo, las distancias no se miden solo en kilómetros. Se miden en vínculos. Y la Escuela Nº 72 ha sido, durante años, un puente entre vecinos, un lugar donde el aislamiento se volvía encuentro. Donde el mate compartido en la puerta era tan importante como la lección del día.

Tal vez muchos no sepan que aún permanece abierta. Tal vez el ritmo de los tiempos haya ido empujando a las familias hacia centros más grandes, más cercanos a la ciudad. Pero mientras haya una puerta sin candado y un pizarrón dispuesto, todavía hay oportunidad.

Por eso este no es solo un aviso: es un llamado. Un gesto comunitario. Quienes estén interesados en inscribir a sus hijos pueden comunicarse al 091 383 881 o acercarse al centro educativo a partir del 24 de febrero, entre las 8 y las 13 horas.

Que no sea el silencio el que tenga la última palabra.
Que, si ha de escribirse el final, no sea por olvido.

Fuente: Dolores digital

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