Hay periodistas que informan el presente y otros que, sin proponérselo del todo, terminan custodiando la memoria de un pueblo. Julio César Damico pertenece a esa segunda categoría. Su nombre está asociado al deporte sanducero, pero su obra excede largamente una sección del diario: es parte de la historia viva de Paysandú.


LA OFI REAL/Desde Paysandú EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.
En febrero de 2018, en la Casa de Cultura, Damico presentó Rey de Copas, un libro que no nació de la urgencia editorial sino de más de medio siglo de archivo, observación y pasión. Sentado junto a Julio César Coiro, uno de los técnicos más exitosos del fútbol sanducero, el periodista no habló como autor consagrado, sino como testigo agradecido.
“Es un orgullo y un sueño para mí”, dijo en el comienzo. Y enseguida aclaró el verdadero sentido de la obra: “También es el agradecimiento de los que vivimos esas conquistas a quienes fueron sus autores”. En esa frase quedó definido el espíritu del libro: Rey de Copas no es un monumento personal, sino un acto de justicia colectiva.
Damico confesó que hubiera querido presentar el libro el 10 de febrero, fecha emblemática para el fútbol local. Ese día, años atrás, Paysandú derrotó a Salto como visitante, con Ricardo “Caito” Brandón marcando tres goles en una de las gestas más recordadas. No fue posible hacerlo entonces, pero el recuerdo funcionó como una declaración de principios: el libro nace del fútbol, pero también del sentimiento.
El fútbol como identidad sanducera
Rey de Copas es una recopilación completa de un período glorioso del fútbol de Paysandú. Selecciones y clubes dominaron durante décadas el Litoral y el Interior, llenando vitrinas y escribiendo páginas que hoy parecen casi irrepetibles. Pero Damico no se limita a contar títulos: reconstruye contextos, climas sociales, épocas donde el fútbol era un espejo del Paysandú industrial, pujante, orgulloso de sí mismo.
Las estadísticas están ahí, rigurosas y exhaustivas. Los datos abundan. Pero conviven con anécdotas, recuerdos de vestuario, historias mínimas que explican por qué aquellos equipos fueron tan fuertes. Y, sobre todo, aparecen los nombres que casi nunca figuran en las tapas: dirigentes, técnicos, equipiers, masajistas, trabajadores silenciosos sin los cuales no hay gloria posible.
El periodista que encendió una llama
El compromiso de Damico con la memoria de Paysandú no se limitó al deporte. En 1991, fue él quien lanzó la idea de celebrar el cumpleaños de la ciudad, una propuesta que parecía simple pero que implicaba algo profundo: recordar el pasado para proyectarse al futuro.
El entonces intendente Jorge Larrañaga, el miércoles 5 de junio de 1991, durante el acto en que por primera vez llegó la llama votiva tras recorrer 103 kilómetros llevada por atletas sanduceros, lo dijo con claridad:
“Hemos querido comenzar con la primera conmemoración de la Semana de Paysandú, que fuera pergeñada en cuanto a su idea por un periodista, don Julio César Damico del diario EL TELEGRAFO”.
Días después, el periodista Enrique Julio Sánchez amplió los detalles en EL TELEGRAFO:
“Una llama que encendió un periodista, un trabajador de esta casa, Julio César Damico… La idea siguió germinando, hasta que poco a poco comenzó a hacerse realidad”.
Aquella fría mañana en la Meseta de Artigas, cuando se encendió por primera vez la antorcha, el profesor, poeta e historiador Miguel Ángel Pías explicó su simbolismo: la llama como idea, como luz, como descentralización; del campo a la ciudad, tal como lo soñó Artigas. Esa ceremonia, hoy incorporada al calendario simbólico de Paysandú, nació del impulso de un periodista.

Reconocimientos y trayectoria
La Junta Departamental de Paysandú supo rendir homenaje a quienes construyeron el periodismo local. Entre los nombres reconocidos —activos y póstumos— estuvo Julio César Damico, junto a colegas como Omar Zuchetti Varela, Carlos Jaime Bentancur, Julio Rojas, Luis Alberto Bideberrigain y tantos otros.
En aquella noche cargada de emoción, Néstor Gerardo Vanzini destacó que Damico “sigue escribiendo y compartiendo contenidos como si el tiempo no pasara, con el entusiasmo intacto”. No era una metáfora: Damico, aún jubilado, sigue siendo un cronista activo del deporte sanducero.
Una vida dedicada al deporte
Damico trabajó 33 años en la sección deportiva de EL TELEGRAFO, 27 de ellos como jefe de página. Fue creador e integrante de la histórica “Panorámica Deportiva” de CW 35, comentarista de fútbol durante más de dos décadas, fundador y primer presidente del Círculo de Periodistas Deportivos de Paysandú en 1971, y también fundador de la Asociación de Entrenadores de Fútbol de Paysandú.
Rey de Copas —editado en 2017— reúne 260 páginas y más de 200 fotografías, y recorre la historia del fútbol sanducero desde sus orígenes en 1903, cuando se hablaba del “juego de los ingleses locos”, hasta los títulos más recientes. La investigación confirma un dato contundente: Paysandú es la ciudad del Interior con más títulos oficiales a nivel de selecciones y clubes.
El libro abre con una frase que no admite discusión:
“En el Interior nadie tan campeón como Paysandú”.
El archivo como vocación
Consultado sobre cuándo empezó a trabajar en el libro, Damico respondió sin dudar:
“El 15 de setiembre de 1965, el día que entré al diario”. Desde entonces guardó recortes, anotaciones, estadísticas. Más de 400 archivos digitales, libretas, recuerdos enviados por colegas y aficionados.
“Hice estadísticas como la de 78 partidos sin perder de local. Es un hobby para mí”, dijo. Pero ese hobby terminó siendo un documento histórico.
Más libros, la misma misión
En 2019 publicó “Nuestros Monstruos Sagrados”, rescatando la historia olímpica de los sanduceros, responsables de 4 de las 10 medallas olímpicas de Uruguay. Y en marzo presentará “Paysandú Wanderers. Un siglo de historia”, dedicado a una institución que fue referencia deportiva y social del Interior.
El guardián de una época
En tiempos de títulos esporádicos, Rey de Copas recuerda que hubo décadas —especialmente entre 1965 y 1990— en las que Paysandú arrasaba. Damico no escribe desde la nostalgia vacía, sino desde la convicción de que conocer la historia es una forma de defender el futuro.
Julio César Damico no solo contó el deporte de Paysandú. Lo ordenó, lo preservó y lo devolvió a su gente. Y en ese gesto silencioso, tan periodístico como profundamente humano, se convirtió en algo más que un cronista: en el custodio de una memoria colectiva.
Julio Damico y “Rey de Copas”: el hombre que le puso palabras a la gloria sanducera
Hay libros que nacen de la investigación y otros que nacen de la memoria. Rey de Copas, el trabajo monumental de Julio César Damico, pertenece a esa rara estirpe que combina ambas cosas: rigor estadístico y emoción vivida. No es solo una recopilación de títulos; es un acto de justicia con una época dorada del fútbol de Paysandú que pedía ser contada antes de que el tiempo la desdibujara.
Fue en febrero de 2018, en la Casa de Cultura, cuando Damico presentó oficialmente su obra. El lugar no fue casual: ahí, entre paredes cargadas de historia y memoria colectiva, el fútbol dejó de ser solo deporte para convertirse en patrimonio cultural. A su lado estaba Julio César Coiro, uno de los técnicos más exitosos del fútbol sanducero, símbolo de una generación que supo ganar, pero también formar.
“Es un orgullo y un sueño para mí”, dijo Damico al comenzar. La frase sonó simple, pero contenía décadas de pasión, libretas gastadas, archivos revisados y recuerdos personales. “También es el agradecimiento de los que vivimos esas conquistas a quienes fueron sus autores”, agregó. Ahí quedó claro que el libro no era un ejercicio individual, sino una devolución colectiva: la voz de quien fue testigo privilegiado hablando en nombre de muchos.
El fútbol como identidad
Rey de Copas recorre uno de los períodos más gloriosos del fútbol sanducero, cuando selecciones y clubes de Paysandú dominaron el Litoral y el Interior, acumulando títulos que hoy parecen difíciles de repetir. No se trata solo de enumerar campeonatos, sino de reconstruir un clima: el de una ciudad que vivía el fútbol como una extensión de su identidad.
Damico no escribe desde la distancia. Es periodista, sí, pero también es hincha, cronista de cancha, hombre de tribuna. Eso se nota en cada página. Las estadísticas aparecen —ordenadas, precisas, irrefutables—, pero nunca desplazan a las anécdotas, a los nombres propios, a las historias mínimas que explican por qué aquellos equipos fueron mucho más que once jugadores.
Los protagonistas visibles y los invisibles
Uno de los grandes aciertos del libro es su mirada amplia. Damico no se queda solo con los goleadores ni con las finales. Aparecen los grandes jugadores, claro, pero también los dirigentes, los técnicos, los equipiers, los masajistas, esos protagonistas silenciosos que sostienen los procesos ganadores y que rara vez figuran en las crónicas tradicionales.
En ese sentido, Rey de Copas rompe con una injusticia histórica: reconoce que la gloria no se construye solo dentro de la cancha. Se construye en los vestuarios, en los viajes interminables, en las decisiones dirigenciales, en el trabajo anónimo que no sale en las fotos.
La fecha que quedó marcada
Damico confesó que hubiera querido presentar el libro el 10 de febrero, una fecha cargada de simbolismo para el fútbol sanducero. Ese día, en una de las gestas más recordadas, Paysandú derrotó a Salto como visitante, con Ricardo “Caito” Brandón anotando tres goles. Una hazaña que aún hoy se repite en charlas de café y sobremesas futboleras.
No fue posible hacerlo en esa fecha, pero la mención funcionó como un puente entre el pasado y el presente. Porque Rey de Copas no mira la historia con nostalgia paralizante, sino con la intención de mantenerla viva, de volverla referencia y espejo.
Un libro necesario
En tiempos donde el fútbol del Interior lucha por visibilidad, el trabajo de Damico adquiere un valor adicional. Documenta, preserva y legitima. Dice, con datos y con emoción, que Paysandú fue protagonista, que no se trató de episodios aislados sino de una época sostenida de excelencia.
El libro también interpela a las nuevas generaciones. Les recuerda que hubo un tiempo en que el fútbol sanducero marcó el rumbo, y que esa historia no pertenece a un museo, sino a una identidad que puede volver a proyectarse.
El cronista de su gente
Julio Damico no se coloca por encima de la historia que cuenta. Se incluye. Habla desde el “nosotros”. Tal vez por eso Rey de Copas se lee como se escucha a un viejo relator que no exagera, pero tampoco enfría la emoción. Hay respeto por los hechos y cariño por los protagonistas.
En definitiva, el libro es más que una recopilación deportiva: es una memoria escrita del orgullo sanducero. Y Damico, con paciencia de archivista y sensibilidad de periodista, logró algo difícil: transformar los triunfos en relato y el recuerdo en documento.
Porque cuando el fútbol se escribe así, deja de ser solo pasado. Se convierte en legado.

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