Esta es una serie de crónicas —pensadas como entregas publicables— sobre la historia de la prensa en Uruguay, tomando como eje la periodización historiográfica, las corrientes intelectuales y las principales obras fundacionales. Cada crónica tiene tono narrativo-periodístico, pero con sustento histórico y académico.

La Universidad entra en escena: la prensa como fuente histórica mayor

La historia de la prensa en Uruguay dio un salto cualitativo a partir de 1947, cuando se inauguró el Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República. No fue un hecho aislado ni casual: respondía a una tendencia global de profesionalización del trabajo historiográfico tras la Segunda Guerra Mundial, que colocó al rigor metodológico y a la reflexión crítica en el centro de la disciplina.

Varios investigadores vinculados directa o indirectamente a ese Instituto comenzaron a mirar a la prensa periódica no solo como un depósito de datos, sino como un documento histórico de primer orden. En sus trabajos aparece con claridad una combinación novedosa para el medio local: el conocimiento profundo de los materiales impresos y la interrogación reflexiva sobre sus sentidos, sus silencios y su contexto de producción.

La prensa dejó de ser únicamente una cantera de información para convertirse en un objeto de estudio en sí mismo. ¿Quiénes escribían? ¿Para quiénes? ¿Bajo qué condiciones políticas? ¿Qué se decía y qué se omitía? Estas preguntas marcaron una ruptura con la tradición positivista que había dominado las décadas anteriores.


La Gazeta de Montevideo vuelve a hablar

Uno de los hitos más relevantes de esta nueva etapa fue la edición facsimilar de la Gazeta de Montevideo correspondiente al bienio 1810–1811. El trabajo incluyó introducciones de Juan Canter y estudios preliminares de Blanca París y Querandy Cabrera, y constituyó mucho más que una simple reproducción de ejemplares antiguos.

En un país donde los archivos de prensa suelen estar fragmentados, incompletos o en mal estado de conservación, la publicación facsimilar fue un auténtico salvataje documental. Pero su verdadero valor residió en el aparato crítico que la acompañó. Canter, París y Cabrera ofrecieron una revisión exhaustiva y actualizada del estado de las investigaciones sobre la prensa temprana y sobre el complejo contexto rioplatense en el que circuló aquel periódico de filiación españolista.

La Gazeta dejó de ser una curiosidad histórica para convertirse en una ventana privilegiada a las tensiones políticas, ideológicas y culturales de los años revolucionarios. El periódico ya no hablaba solo de hechos: hablaba de poder, de lealtades y de disputas por el sentido.


Antonio Praderio y el mapa oculto de la prensa oriental

En 1962, el Instituto de Investigaciones Históricas publicó una obra destinada a transformarse en herramienta indispensable: el Índice cronológico de la prensa periódica del Uruguay, 1807-1852, de Antonio Praderio. Su trabajo representó una hazaña silenciosa de arqueología documental.

Praderio rastreó, localizó y microfilmó periódicos orientales dispersos en archivos de Montevideo, Buenos Aires, La Plata y Córdoba. Muchos de esos ejemplares no se encontraban en la Biblioteca Nacional. Gracias a ese esfuerzo, logró incorporar aproximadamente la mitad de los títulos conocidos del período.

El punto de partida fue, una vez más, la obra de Zinny. Pero el resultado fue radicalmente distinto. El índice no solo brindó datos sobre imprentas, duración, periodicidad, redactores y características formales. Su aporte más revolucionario fue señalar con precisión dónde se encontraba cada periódico: repositorios, colecciones completas o números sueltos, dentro y fuera del país.

Por primera vez, la historia de la prensa uruguaya contó con un mapa concreto de su propia dispersión. Investigar dejó de ser una empresa casi azarosa para transformarse en una tarea planificada y posible.


Arbelio Ramírez y la prensa en tiempos de Artigas

Aunque no integró formalmente los cuadros docentes del Instituto, Arbelio Ramírez mantuvo una estrecha vinculación académica con la Facultad de Humanidades y dejó aportes que aún hoy conservan plena vigencia. En 1964 publicó su estudio sobre la libertad de prensa y la imprenta en la época artiguista, una investigación que marcó un nuevo punto de inflexión.

Ramírez fue más allá de la recopilación ordenada de documentos. Su inquietud heurística lo llevó a analizar el lugar de la imprenta y de la prensa en el proyecto político artiguista, atendiendo tanto a las normas formales como a las prácticas reales. Comprendió que la libertad de imprenta no podía evaluarse solo por los textos legales, sino por las condiciones materiales y políticas que hacían posible —o imposible— su ejercicio.

En su trabajo, la prensa aparece como campo de disputa, como instrumento de construcción política y como reflejo de un proceso revolucionario complejo, atravesado por tensiones internas y externas. Con Ramírez, la historia de la prensa dejó definitivamente de ser un inventario para convertirse en análisis crítico del poder y de la palabra.

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