El silencio que prometía el alto el fuego en Gaza nunca fue completo. No lo fue para las familias que siguen enterrando a sus hijos, ni para quienes cuentan los días sin entender cómo, aun cuando las bombas supuestamente callaron, la muerte continúa cayendo del cielo. Esta semana, UNICEF volvió a poner cifras —frías, duras, irrefutables— a una tragedia que no se detiene: más de 100 niños han sido asesinados por ataques israelíes en los tres meses posteriores al alto el fuego.

La advertencia llegó desde la propia Franja, en la voz del portavoz del Fondo de la ONU para la Infancia, James Elder, durante una rueda de prensa telemática ante periodistas acreditados en la ONU en Ginebra. No fue un discurso político. Fue un parte humanitario. De esos que pesan más que cualquier consigna.

Israel mató a 20.000 niños en Gaza utilizando 200.000 toneladas de explosivos

UNICEF ha logrado verificar al menos 60 niños y 40 niñas muertos por ataques con drones —incluidos drones suicidas y cuadricópteros—, además de disparos de tanques y otras acciones militares. Elder fue claro: esas cifras solo incluyen los casos donde hubo información suficiente para confirmar las muertes, lo que deja abierta una posibilidad aún más devastadora: que el número real sea considerablemente mayor.

“Un alto el fuego que frena las bombas es un avance, pero uno que aún entierra niños no es suficiente”, denunció Elder desde Gaza. La frase resume la paradoja de este período: menos explosiones, pero demasiados funerales pequeños.

Gran parte de estos ataques se produjeron al oeste de la llamada ‘línea amarilla’, la demarcación imaginaria hasta donde se replegaron las tropas israelíes al comenzar el alto el fuego. Más allá de esa línea, el 54 % del territorio de Gaza sigue bajo control militar israelí, y es allí donde viven cientos de miles de palestinos atrapados entre ruinas, escasez y miedo permanente.

A la violencia se suma el aislamiento. UNICEF también cuestionó duramente la decisión de Israel de restringir el acceso a Gaza a 37 organizaciones humanitarias, una medida que no solo dificulta la entrega de ayuda vital, sino que reduce el testimonio directo de lo que ocurre en el terreno. La ausencia de observadores, periodistas y cooperantes no reduce el sufrimiento: lo vuelve invisible.

“Cuando se prohíbe a organizaciones clave entregar ayuda y dar testimonio, y se limita el acceso a periodistas extranjeros, ¿realmente se cree que restringir el escrutinio va a reducir las consecuencias?”, se preguntó Elder, dejando flotando una inquietud que atraviesa a toda la comunidad internacional.

Mientras tanto, el conflicto sigue cobrando víctimas en todos los frentes. Israel cerró 2025 con 22 suicidios entre sus soldados, la cifra más alta en quince años, un dato que refleja el impacto psicológico de una guerra prolongada y sin salidas claras. Al mismo tiempo, el Ejército israelí reafirmó su determinación “absoluta” de desarmar a Hamás en 2026, anticipando que el horizonte sigue marcado por la confrontación.

Declaración de la Directora Ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell, sobre los niños y niñas asesinados durante la distribución de ayuda alimentaria en la Franja de Gaza

Pero para UNICEF, el foco es otro, y no admite postergaciones: los niños. Cada cifra representa un nombre, una familia, una historia truncada. En Gaza, el alto el fuego no logró lo esencial: garantizar que la infancia sobreviva. Y mientras eso no ocurra, cualquier tregua será, apenas, un paréntesis entre tragedias.

Porque cuando los niños siguen muriendo, no hay acuerdo que pueda llamarse paz.

Fuente: El Confidencial

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