La ruta amanecía como tantas otras, larga y monótona, pero esta vez el viaje no terminó en cantos ni banderas. El sueño de alentar a San Lorenzo en suelo uruguayo quedó abruptamente detenido al costado del asfalto, convertido en un episodio policial que vuelve a exponer el costado más oscuro del fútbol argentino.


Fue en la Ruta Nacional 136, a la altura de Gualeguaychú, donde Gendarmería Nacional ordenó frenar un micro que avanzaba rumbo a Uruguay. No era un control más. Dentro viajaban integrantes de La Butteler, la facción más emblemática de la barra brava del Ciclón, camino a un compromiso internacional que debía vivirse como fiesta y terminó en escándalo.
La requisa transformó la sospecha en certeza. En el baño del ómnibus aparecieron estupefacientes: cocaína y marihuana, escondidas con torpeza y urgencia. Pero lo que terminó de cambiar el tono del procedimiento fue un hallazgo todavía más grave: una pistola Bersa calibre 9 milímetros, con 15 municiones intactas, oculta dentro del sistema de aire acondicionado del micro. No era solo una infracción: era una amenaza latente viajando sobre ruedas.
El operativo activó de inmediato los resortes judiciales. Identificaciones, actuaciones, secuestros y un expediente que comenzó a tomar forma mientras el micro quedaba inmovilizado. Todo bajo el marco del Programa Tribuna Segura, el dispositivo estatal que intenta poner un límite a la violencia que se recicla alrededor del fútbol y que, una vez más, demostró por qué existe.
Las consecuencias no tardaron en llegar. Prohibición de concurrencia a espectáculos deportivos para los implicados y una investigación en marcha para determinar responsabilidades penales. El viaje a Uruguay quedó trunco, y con él, la posibilidad de que ese grupo ingresara a un estadio del otro lado del río.
El contexto no es menor. San Lorenzo atraviesa un inicio de temporada difícil, con derrota en el arranque y una fuerte apuesta por juveniles, buscando aire económico y un nuevo rumbo deportivo. Mientras el club intenta reconstruirse desde adentro, afuera la violencia vuelve a golpear su imagen, como una mochila que parece imposible de soltar.
La camiseta azulgrana, esa que debería unir en la pasión, volvió a aparecer asociada a drogas, armas y controles policiales. La ruta, que suele ser el preludio de la ilusión, esta vez fue escenario de un freno brusco y necesario. Porque cuando el fútbol se mezcla con delitos, ya no hay clásico, copa ni frontera que justifique mirar para otro lado.
Fuente: M1
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