La Estrella del Sur fue una publicación en inglés y español de la que aparecieron siete números en el período de la invasión inglesa y cuyo propósito era desprestigiar a la causa española.


De la imprenta borbónica al periodismo moderno: dos siglos de prensa en el Uruguay
La historia de la prensa uruguaya nace al calor de la disputa política y de la necesidad de la palabra escrita como arma de legitimación. En 1810, cuando el territorio oriental aún formaba parte del entramado colonial español y los vientos revolucionarios llegaban con fuerza desde Buenos Aires, el franciscano fray Cirilo de la Alameda y Brea publicó La Gaceta de Montevideo. No fue un gesto inocente ni meramente informativo: el periódico se imprimía en una máquina regalada por la princesa Carlota de Borbón al Cabildo montevideano, con un objetivo preciso y explícito: defender los derechos de la casa borbónica frente a la ocupación francesa de España y, al mismo tiempo, contrarrestar la influencia de las publicaciones independentistas porteñas.
Desde su origen, entonces, la prensa en el Uruguay fue un territorio de disputa ideológica. La imprenta no llegó para narrar serenamente los hechos, sino para tomar partido. Esa impronta marcaría buena parte del siglo XIX.
En 1814 apareció El Sol de las Provincias Unidas, el tercer periódico editado en el territorio oriental. Su existencia confirmó que la palabra impresa comenzaba a multiplicarse y que el periodismo se consolidaba como un actor político de primer orden. Sin embargo, muchos de estos emprendimientos tuvieron vida efímera, reflejo de la inestabilidad política y económica del período. Así ocurrió con El Pampero (1822) y La Aurora (1823), publicaciones breves pero significativas en el proceso de expansión del espacio público escrito.
Durante la guerra con el Brasil, la prensa volvió a adaptarse a la coyuntura bélica. En 1827 comenzó a circular La Gaceta de la Provincia Oriental, editada en Montevideo y también en el pueblo de Canelones. Ese mismo año surgieron otros órganos de expresión como Eco Oriental y Miscelánea Oriental, mientras que en Durazno aparecía El Guarda de sus Derechos, señal clara de que la prensa ya no era un fenómeno exclusivamente montevideano y comenzaba a extenderse hacia el interior del territorio.
La firma de la paz en 1828 y el nacimiento del Estado Oriental trajeron consigo una nueva etapa. La prensa acompañó el proceso institucional con títulos como El Constitucional, seguido poco después por El Universal y El Nacional. Ya no se trataba solo de sostener banderas políticas en pugna, sino de participar en la construcción de una república todavía frágil, necesitada de debate público y de lectores.

En 1838, en pleno auge del Romanticismo europeo y de su irradiación rioplatense, la prensa cultural y política dio un salto cualitativo con la aparición de El Iniciador. Fundada por el argentino Miguel Cané y el uruguayo Andrés Lamas, la publicación se propuso renovar las ideas políticas, sociales y culturales de la región. Por sus páginas pasaron figuras centrales del pensamiento rioplatense como Juan Bautista Alberdi y Juan María Gutiérrez, convirtiendo a El Iniciador en un espacio de reflexión moderna y cosmopolita, adelantado a su tiempo.
Hacia mediados del siglo XIX, el periodismo dio un paso decisivo hacia la regularidad informativa. En 1848 se fundó Telégrafo Marítimo, considerado el primer diario del país. Con él se inauguró una nueva lógica de publicación: la información cotidiana, la atención al comercio y a la vida portuaria, y la consolidación del hábito diario de lectura.
Esa senda fue profundizada en 1862 con la aparición de El Siglo, surgido de la imprenta del mismo nombre y dirigido por Carlos María Ramírez. El diario se convirtió en una referencia central del liberalismo uruguayo y en un actor clave del debate público. Años más tarde, en 1878, Juan Zorrilla de San Martín fundó El Bien Público, de tendencia católica y claramente opositor a El Siglo, reafirmando la tradición de la prensa como espacio de confrontación ideológica.
Mientras Montevideo concentraba los grandes diarios, el interior del país también desarrollaba sus propias voces. En 1877, en la ciudad de Minas, surgió La Unión, diario que con el paso del tiempo sería reconocido como el decano de la prensa uruguaya, símbolo de la persistencia del periodismo local más allá de los grandes centros urbanos.
En 1886 nació en Montevideo El Día, que tras una breve interrupción reapareció en 1889 y se transformó en el diario más influyente de la historia del periodismo uruguayo. Vinculado al batllismo, El Día no solo informó: modeló ideas, promovió reformas y acompañó la construcción del Estado moderno. Aunque en 2002 ya no se editaba, su legado sigue siendo central para comprender la prensa nacional.
Con el cambio de siglo, nuevas corrientes estéticas y culturales encontraron su cauce en revistas especializadas. El Modernismo tuvo su expresión más acabada en La Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales (1895–1897), dirigida por José Enrique Rodó, Víctor Pérez Petit y los hermanos Martínez Vigil. Poco después, en 1899, Julio Herrera y Reissig fundó La Revista, mientras que Horacio Quiroga impulsó La Revista de Salto. En 1900, Raúl Montero Bustamante creó Revista Literaria, y otras publicaciones como Vida Moderna y Bohemia acompañaron la efervescencia cultural de la época.
El Vanguardismo reaccionó contra el Modernismo en revistas como Los Nuevos, La Cruz del Sur, La Pluma y Cartel, que entre las décadas de 1910 y 1930 reflejaron las tensiones estéticas y políticas del período.
Durante el primer tercio del siglo XX, la prensa uruguaya alcanzó un nivel comparable al de Europa y Estados Unidos. La información se volvió abundante y profesional, y prácticamente todas las localidades importantes del país contaron con su propio medio. Aparecieron Tribuna Salteña (1906), El Telégrafo de Paysandú (1910), El Heraldo de Florida (1914), y en Montevideo La Gaceta Comercial (1916), La Mañana (1917), El País (1918) y El Diario (1923).
Un hito fundamental fue la aparición, el 24 de junio de 1939, del semanario Marcha. Dirigido por Carlos Quijano y con Juan Carlos Onetti como secretario de redacción, agotó en su primer número una tirada de 20.000 ejemplares. Durante 35 años, Marcha marcó los rumbos políticos y culturales del país, convirtiéndose en referencia ineludible del pensamiento crítico latinoamericano.
En los años finales de la dictadura militar, los semanarios volvieron a ocupar un lugar central como tribunas de oposición. Jaque, Búsqueda y luego Brecha —considerado heredero directo de Marcha— canalizaron la resistencia democrática y sostuvieron la pluralidad de voces en tiempos de censura.
Ya en la década de 1990, el mapa de la prensa uruguaya mostraba continuidades y renovaciones. Seguían circulando diarios históricos como La Unión, El País, El Diario Español, El Telégrafo y Tribuna Salteña, mientras emergían nuevos proyectos nacionales como La República y El Observador. La prensa escrita ingresaba así en un nuevo ciclo, enfrentando los desafíos tecnológicos y culturales del fin de siglo
Desde aquella imprenta borbónica llegada para defender una monarquía en retirada hasta los grandes diarios y semanarios del siglo XX, la historia de la prensa uruguaya es, en esencia, la historia de un país que se pensó, se discutió y se construyó a través del papel impreso. Una historia donde cada periódico fue, a su modo, una toma de posición frente al tiempo que le tocó vivir.
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