Periodistas en Red Asociados: una aventura que nació del silencio y decidió ponerse en marcha por el bien de todos los periodistas de Uruguay
Periodistas en Red Asociados comenzó con algo mucho más fuerte: el cansancio. El cansancio de mirar durante años cómo sucedían cosas que nadie contaba. Cómo colegas eran agredidos, ninguneados, discriminados o dejados solos cuando intentaban ejercer una profesión que, en teoría, debería ser una de las columnas de cualquier democracia. Y digo en teoría porque mi experiencia me lleva a una conclusión incómoda: durante demasiado tiempo el periodismo uruguayo miró hacia otro lado. Organizaciones, círculos y asociaciones nacieron y funcionaron esencialmente desde Montevideo y, desde el principio, se arrogaron el nombre de “uruguayo” o “uruguaya”. Pero yo pregunto: ¿Dónde estuvieron cuando un periodista de una pequeña localidad necesitó ser escuchado? ¿Dónde estuvieron cuando la libertad de expresión fue atropellada? ¿Dónde estuvieron cuando un colega quedó solo frente al poder? ¿Dónde estuvieron cuando una historia importante nunca llegó a una portada porque sucedía lejos de la capital?
EDITORIAL/Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.

El periodismo de raza consiste en seguir el rastro de la verdad hasta sus últimas consecuencias.
Yo mismo no puedo imaginar la cantidad de agresiones y episodios de violencia contra la libertad de expresión que han sufrido periodistas que simplemente quisieron cumplir con su profesión. Y quizás lo más grave no sea solamente aquello que ocurrió. Lo más grave es todo aquello que nunca llegamos a conocer.
Porque cuando nadie cuenta una historia, la historia parece no existir. Durante años fuimos acumulando silencios. Y llegó un momento en que tuve la sensación de que no valíamos nada: ni para buena parte del sistema periodístico ni, lo que es todavía más doloroso, para una sociedad que cada vez parece escuchar menos, leer menos y confiar menos en quienes deberían contarle lo que sucede.
No hace falta demasiada investigación para advertirlo. Alcanza con mirar la opinión pública. Estamos estancados. Y mientras tanto, seguimos formando nuevas generaciones de periodistas sin demasiados maestros capaces de convertirse en verdaderos guías. Sin referentes suficientes. Sin una estructura nacional que acompañe a quien comienza a caminar por esta profesión. Eso, para mí, es vergonzoso. Y entonces ocurrió algo. Decidimos dejar de esperar.
La curiosidad no es un pasatiempo para el reportero; es su herramienta de trabajo más afilada
EL DÍA QUE NOS PUSIMOS EN CAMINO
El domingo 12 de abril de 2026, en Durazno, ocurrió algo que para muchos pudo haber sido simplemente un congreso. Para nosotros fue otra cosa. Fue el momento en que más de 120 periodistas de los 19 departamentos se encontraron para decir: BASTA. No nacíamos contra nadie. Nacíamos a favor del periodismo.
A favor de quienes todavía creen que informar vale la pena. A favor de quienes trabajan en una radio pequeña, en un portal digital, en un diario local, en una televisión departamental o recorriendo kilómetros para conseguir una noticia. Elegimos Durazno porque está en el corazón geográfico del país. Pero también porque queríamos demostrar algo: el centro del periodismo uruguayo podía estar en cualquier lugar. La consigna fue sencilla:
LA VERDAD NOS UNE. Y detrás de esas cuatro palabras había una idea mucho más profunda.
No queríamos seguir siendo periodistas aislados. Queríamos ser red. Queríamos compartir información, herramientas, experiencias, formación, tecnología y, sobre todo, solidaridad profesional. Porque un periodista solo puede ser silenciado. Una red de periodistas es mucho más difícil de callar.
La mejor noticia siempre se esconde detrás de lo que nadie quiere contar.
DEJAR DE SER INVISIBLES
Periodistas en Red nació también para romper una vieja costumbre: que las historias que ocurren lejos de Montevideo aparezcan solamente cuando alguien desde la capital decide que son importantes. Nosotros creemos exactamente lo contrario. Las historias son importantes porque le importan a la gente que las vive.
Un barrio tiene historias. Un pueblo tiene historias. Una frontera tiene historias. Una escuela rural tiene historias. Un trabajador tiene historias. Una liga deportiva tiene historias. Una familia tiene historias. Y el periodista está allí. Está mirando. Está escuchando. Está preguntando. Está recorriendo. Está poniendo el cuerpo. Por eso nuestra apuesta también es tecnológica.
El periodismo cambió. Y nosotros tenemos que cambiar con él. Streaming, entrevistas dinámicas, redes, plataformas digitales, radio online, transmisiones en vivo, inteligencia artificial y nuevas formas de contar no son enemigos del periodismo. Son herramientas. El problema nunca fue la tecnología. El problema es qué hacemos con ella.
El verdadero periodista no espera la noticia, la olfatea en el aire.
Y AHORA VIENE EL 12 DE OCTUBRE
El próximo 12 de octubre de 2026, nuevamente en Durazno, no será una fecha más. Ese día votaremos nuestro Estatuto. Y yo lo veo como mucho más que un trámite jurídico. Será otro kilómetro de esta aventura. Porque primero tuvimos que encontrarnos. Después tuvimos que reconocernos. Después tuvimos que organizarnos. Ahora tenemos que darle estructura, reglas y herramientas a aquello que comenzó como una necesidad.
La personería jurídica significará respaldo. Significará poder defender mejor a nuestros periodistas. Significará construir proyectos comunes. Significará fortalecer nuestras plataformas. Significará darle continuidad a iniciativas como Vocación FM y Radio MIX Artigas y a todo aquello que todavía estamos imaginando. Pero, sobre todo, significará algo que para mí tiene un enorme valor:
DEJAR DE PEDIR PERMISO PARA EXISTIR. Durante demasiado tiempo otros decidieron qué era importante, quién tenía voz, quién merecía ser escuchado y qué historias podían llegar al gran público. Eso terminó.
Un buen cazador de historias no busca el aplauso, busca la verdad que despierta conciencias.
EL 12 DE OCTUBRE NO TERMINA NADA
En realidad, el 12 de octubre comienza otra etapa. Porque después del Estatuto vendrá lo más difícil: demostrar que somos capaces de hacer el periodismo que reclamamos. Ser rigurosos. Verificar. Investigar. No mentir. No vendernos. No callarnos. No convertirnos en aquello que criticamos.
Defender la libertad de expresión incluso cuando la opinión del otro nos incomode. Formar a los que vienen. Escuchar a la gente. Y entender que el periodismo no consiste solamente en contar lo que ocurrió. También consiste en estar donde ocurren las cosas.
Por eso sigo creyendo que esta aventura recién comienza. Hemos recorrido algunos kilómetros. Todavía quedan miles. Y quizás esa sea la mejor definición de lo que somos: periodistas que decidieron salir a la ruta. Con una cámara. Con un micrófono. Con una computadora. Con un cuaderno. Con un mate. Con una taza de café. Pero, fundamentalmente, con ganas de volver a creer en nuestra profesión.
El 12 de octubre estaremos nuevamente en Durazno. Y yo tengo una certeza. No vamos solamente a votar un Estatuto. Vamos a volver a redescubrir por qué alguna vez decidimos ser periodistas.
Porque la verdad nos une. Y porque esta vez, nadie nos va a contar desde lejos qué historias debemos mirar. Las vamos a salir a buscar nosotros.
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