El 7 de marzo de 1958 quedó marcado para siempre en la historia policial del Uruguay. Ese día apareció muerto Victor Meynert La Brooy Johnson, un ciudadano británico de 65 años radicado en el país, cuyo asesinato no solo conmocionó a Maldonado sino que abrió una trama de espionaje, sospechas internacionales y enigmas que, casi siete décadas después, aún no tienen respuesta.
El cuerpo fue hallado junto a su automóvil Rover, al costado de la ruta Interbalnearia, cerca de la Laguna del Diario, en la zona de Pinares. Tenía un disparo en la cabeza y presentaba signos de haber sido parcialmente cubierto con arena entre las dunas. El detalle que desconcertó desde el primer momento a los investigadores fue que nada había sido robado: el inglés conservaba dinero, reloj y anillos. El móvil del hurto quedó descartado casi de inmediato.

La víctima llevaba años viviendo en Uruguay. Había llegado tras el final de la Segunda Guerra Mundial y se había instalado como comerciante de repuestos automotrices. Tenía oficinas en Montevideo, en la calle Cuareim, y residía en el barrio Parque del Golf de Punta del Este. Era un hombre de vida discreta y bien considerado en su entorno.
Pero detrás de ese perfil tranquilo se escondía un pasado mucho más complejo.
Durante la guerra había servido en el servicio secreto británico MI6 en la ciudad francesa de Lyon. Allí fue capturado por la Gestapo y torturado bajo las órdenes del temido oficial nazi Klaus Barbie, conocido como “el carnicero de Lyon”. Sobrevivió a esa experiencia y años después también escapó de un atentado en Chile, antes de instalarse definitivamente en Uruguay como empresario.
Ese pasado salió a la luz recién después de su muerte.
El último día
El viernes 7 de marzo La Brooy Johnson salió de Montevideo rumbo al este. Testigos lo vieron alrededor del mediodía en el parador El Hornero. Algo en su comportamiento llamó la atención: estaba nervioso, bebió un whisky en soledad y se mostró menos sociable que de costumbre.
Horas más tarde, cerca de las 15:45, su cuerpo apareció junto al automóvil.
El único testigo directo de los hechos fue Pedro “Pocho” Pascual Tejera, un joven de 17 años que caminaba por la zona tras regresar de trabajar en el diario Punta del Este. Según su relato, vio a un hombre alto —de aproximadamente 1,80 metros y espaldas anchas— vestido con pantalones vaqueros, saco azul de pana, boina azul y botas marrón. Llevaba un paquete amarillo con una máquina fotográfica y un caño.
Tejera aseguró que el agresor lo interceptó, le disparó rozándole la cabeza y luego lo persiguió. En medio del forcejeo el joven fue golpeado, pero logró escapar. Durante la lucha cayeron unos lentes del atacante. Un camionero lo auxilió y posteriormente fue llevado ante la policía.
Al principio su versión fue puesta en duda e incluso llegó a ser acusado de mentir. Con el tiempo defendió su testimonio publicando un libro titulado “El crimen del inglés, la gran prueba”, donde relató su experiencia.
Una investigación llena de sombras
La investigación quedó a cargo del comisario Ángel Stopiello en el Juzgado Letrado de Primer Turno de Maldonado. Desde el comienzo enfrentó múltiples obstáculos. La escena del crimen había sido alterada por curiosos antes de que llegara la policía, lo que dificultó la recolección de pruebas.
Se detuvo inicialmente a dos jóvenes argentinos que luego fueron liberados al demostrarse su inocencia. El identikit elaborado a partir del testimonio de Tejera tampoco condujo a resultados concretos.
Una semana después del crimen, el diario británico Daily Mirror reveló en su obituario el pasado de La Brooy Johnson como agente del MI6. Esa revelación cambió completamente la dimensión del caso y lo colocó en el escenario internacional.
Las hipótesis se multiplicaron.
Se habló de un posible triángulo amoroso, de un robo frustrado —rápidamente descartado— y de una venganza vinculada a su actividad durante la guerra. En pleno inicio de la Guerra Fría, Uruguay era un territorio donde operaban diversos servicios de inteligencia.
El sospechoso que desapareció
Uno de los nombres que más resonó en la investigación fue el del francés Max de Balzac, de 36 años. Exbailarín del Sodre y campeón de tiro con arco, estaba casado con Eugenia Hodun, también conocida como Natacha Godunova, una mujer ruso-polaca con la que se había casado en la embajada soviética de Montevideo.
De Balzac había sido integrante de la resistencia francesa en Lyon, lo que lo vinculaba indirectamente con el pasado de la víctima. Admitió conocer a La Brooy Johnson, pero presentó una coartada: aseguró que el día del crimen estaba en Salto a las cinco de la tarde, con varios testigos, entre ellos el escritor Enrique Amorím.
Interpol terminó liberando a la pareja. Sin embargo, el 5 de abril de 1958 abandonaron Uruguay en el vapor Claude Bernard rumbo a Europa. Fueron detenidos brevemente en Canarias y luego desaparecieron en Francia.
El detalle que alimentó aún más las sospechas fue que los lentes hallados en la escena pertenecían a la esposa de De Balzac, quien además reconoció conocer al inglés asesinado.
Otro nombre mencionado fue el del rematador chileno Eduardo Lucco Urzúa, aunque su identificación por parte de Tejera resultó dudosa y nunca prosperó.
Un expediente que se perdió
El expediente judicial —caratulado “La Brooy Johnson y Pascual Tejera, Pedro”— fue archivado en 1963 sin responsables ni conclusiones definitivas. Con el tiempo desapareció del Archivo General de la Nación, al igual que otros casos resonantes de la época.
Décadas después, el misterio volvió a despertar interés. En 2021 el exembajador Carlos Orlando publicó la novela “La muerte del espía inglés”, inspirada en el expediente, donde explora posibles venganzas de la resistencia francesa o ajustes de cuentas relacionados con traiciones de guerra.
Más recientemente, en 2025, nuevas notas periodísticas retomaron el tema a partir de documentos británicos desclasificados que sugieren que La Brooy Johnson podría haber estado investigando la presencia de células nazis residuales en Uruguay.
Incluso su hija mencionó en una entrevista académica que su padre participaba en operaciones antinazis desde Chile.
Un misterio que atraviesa el tiempo
A 68 años de aquel disparo en las dunas de Maldonado, el asesinato de Victor Meynert La Brooy Johnson sigue siendo uno de los grandes enigmas policiales del Uruguay.
Un empresario tranquilo que había sido espía.
Un testigo que sobrevivió a un ataque.
Un sospechoso que desapareció en Europa.
Y un expediente que también se perdió.
Entre las arenas de Pinares y las sombras de la Guerra Fría, el crimen del espía inglés permanece sin resolver, recordando que incluso en los rincones más tranquilos del país la historia mundial dejó huellas profundas… y secretos que tal vez nunca se revelen.
Fuente: Correo Punta del Este
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