Un entramado de sociedades pantalla, facturas apócrifas y cuevas financieras con ramificaciones en la Argentina, Estados Unidos y España expuso una de las denuncias más graves que haya enfrentado la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en tiempos recientes. Según una investigación publicada por LA NACION, durante la gestión de Claudio “Chiqui” Tapia y su hombre fuerte en el manejo económico, Pablo Toviggino, se habrían desviado millones de dólares de las arcas de la entidad a través de un circuito diseñado para simular servicios que nunca existieron.

La operatoria, siempre de acuerdo con la reconstrucción del medio, se montó durante los años de cepo cambiario y fuerte brecha entre el dólar oficial y el paralelo. En ese contexto, la AFA habría utilizado contratos de patrocinio internacional como cobertura para girar fondos a sociedades constituidas en Miami que solo existían en los papeles. Esas firmas emitían facturas por supuestos servicios de marketing, consultoría o logística que jamás fueron prestados.
Cinco sociedades aparecen como piezas centrales del esquema: SCH Consulting Group LLC, MS Innovation Tech Corp, MLS Global Trading Corp, Arcofisa International Corp y Samtak LLC. Todas fueron creadas en el estado de Florida y registraron exactamente el mismo domicilio legal: oficina 1130 “A”, avenida Brickell 848, Miami. Desde allí se emitieron al menos once facturas por un total de 3.745.090 dólares, sin detalle de horas trabajadas, indicadores de desempeño ni respaldos técnicos, elementos básicos en cualquier contratación transparente.
El dinero no se quedaba en el exterior. El circuito se completaba con el retorno de los fondos a la Argentina, donde un grupo de cuevas financieras de la city porteña se encargaba de entregar el efectivo. Edificios emblemáticos de la avenida Corrientes —como el Safico— aparecen señalados como puntos clave del movimiento del dinero, siempre según las fuentes y documentos citados por LA NACION.
Los nombres que surgen como protagonistas internos del presunto desvío son pesados. El tesorero de la AFA y mano derecha de Tapia, Pablo Toviggino, y el entonces presidente ejecutivo del Consejo Federal, Juan Pablo Beacon, habrían impartido órdenes, coordinado pagos y supervisado la confección de las facturas apócrifas. La investigación señala incluso que copias de esos documentos habrían sido elaboradas directamente por los responsables del esquema.
Detrás de cuatro de las sociedades pantalla figura Diego Martín Schrager, un argentino con domicilio en la ciudad de Buenos Aires, con antecedentes de problemas crediticios y vínculos con cooperativas y firmas que operarían como cuevas financieras. En el caso de Samtak LLC, el nombre que aparece es el de Darío Francisco Samaniego, otro argentino cuyo perfil público —repositorio de frutas y verduras en un supermercado, según sus propias publicaciones— contrasta de forma llamativa con la capacidad de facturar millones de dólares a la AFA por supuestos servicios de consultoría internacional.
La operatoria habría contado con una cobertura formal: contratos reales de patrocinio firmados por la AFA con empresas como Bybit Fintech, Genius Sports y One Football. En ese esquema, la empresa española Odeoma SL actuaba como agente de cobro internacional, reteniendo un porcentaje por honorarios, mientras se canalizaban pagos a las sociedades fantasma bajo la apariencia de gastos operativos.
Consultado por LA NACION, Claudio Tapia optó por desacreditar las revelaciones y apuntar contra los medios. “Son dos realidades distintas, la de los medios y la de la gente”, afirmó, minimizando el impacto de la investigación y asegurando que no le presta atención “a lo mediático”.
Mientras tanto, los documentos, las inconsistencias en las facturas, los domicilios compartidos y los perfiles de los involucrados trazan un mapa inquietante. Un mapa que muestra cómo, detrás de los éxitos deportivos y la omnipresencia dirigencial, la AFA habría sido escenario de una ingeniería financiera pensada para sacar dólares del sistema formal y devolverlos en efectivo, lejos de controles y explicaciones públicas.
La causa recién comienza a desplegarse en el plano judicial. Pero el escándalo ya dejó al descubierto una pregunta que resuena con fuerza en el fútbol argentino: cuántos goles, contratos y celebraciones se levantaron sobre una estructura que, según esta investigación, funcionó durante años en las sombras.
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