Para quienes sentimos el fútbol del interior como una bandera cultural, como un punto de encuentro en cada pueblo, lo ocurrido en la elección de 2022 de la Organización del Fútbol del Interior no fue simplemente un cambio de autoridades. Fue una grieta. Una herida política que todavía divide opiniones, pasiones y memorias. La llegada de Sebastián Sosa a la presidencia de la OFI quedó marcada desde el primer momento por la polémica. No solo por el resultado final, sino por el proceso que lo antecedió.
LA OFI MONTEVIDEANA /Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.
La derrota interna y el quiebre
En el seno de la Confederación del Este, Sosa no logró imponerse en la instancia interna que definía el rumbo regional. Allí perdió. Y lo que en otros tiempos hubiese significado aceptar las reglas del juego y fortalecer la unidad, derivó en un giro inesperado.
Al día siguiente —según relatan dirigentes que fueron protagonistas— se rompió un acuerdo político que se venía cumpliendo “al pie de la letra”. Un pacto que, más allá de simpatías personales, representaba una lógica histórica del interior: primero el consenso, después la competencia; primero el programa común, luego los nombres.
La ruptura no fue silenciosa. Fue un quiebre estridente, que cambió alianzas y alteró equilibrios.


El giro hacia la AUF
El paso siguiente fue el más controvertido. Sosa buscó respaldo fuera del esquema tradicional del interior. Se acercó al presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Ignacio Alonso, en una movida que muchos interpretaron como una señal de dependencia institucional.
Para sectores históricos del fútbol chacarero, ese acercamiento simbolizó algo más que una estrategia electoral: fue visto como una subordinación. Como la puerta abierta a una OFI condicionada por intereses ajenos a las ligas del interior.
La aparición en AUF TV, la promoción pública y el respaldo explícito alimentaron esa percepción. Para sus defensores, fue simplemente política moderna y búsqueda de apoyos. Para sus detractores, una traición a la autonomía histórica que siempre defendió el interior.
Fray Bentos 2022: el clímax
El Congreso Electoral en Fray Bentos, en 2022, fue el escenario final de ese proceso. Delegaciones tensas. Pasillos cargados de conversaciones cruzadas. Votaciones que no eran solo números, sino mensajes.
Allí se consolidó la presidencia de Sosa. Pero lejos de cerrar la discusión, abrió una etapa marcada por la desconfianza entre confederaciones y por una discusión de fondo que todavía resuena:
¿Debe la OFI mantener una autonomía política real frente a la AUF?
¿O es inevitable un alineamiento estratégico en el nuevo mapa del fútbol uruguayo?
Más que una persona, un modelo en debate
Reducir el análisis a una figura sería simplificar demasiado. Lo que ocurrió en 2022 fue la confrontación entre dos modelos:
- Uno que defiende una OFI autónoma, construida desde las ligas y las confederaciones.
- Otro que apuesta a una integración más directa con la estructura central del fútbol uruguayo.
Las críticas hacia la gestión de Sosa se centran en ese origen controversial y en la forma en que se reconfiguraron alianzas históricas. Sus partidarios, en cambio, sostienen que era necesario romper inercias y actualizar vínculos institucionales.
El trasfondo: identidad y poder
El fútbol del interior no es solo competencia. Es identidad territorial, voluntariado, sacrificio dirigencial y miles de gurises soñando cada fin de semana. Por eso, cuando la política irrumpe con fuerza, la discusión trasciende nombres propios.
La presidencia de Sebastián Sosa será recordada —para bien o para mal— como el punto en que se tensionaron al máximo las relaciones entre la OFI y la AUF, y como el momento en que el interior se preguntó a sí mismo qué tipo de organización quiere ser.
Porque en definitiva, el debate no es solo electoral. Es histórico.
Y la historia del fútbol del interior siempre se escribió con pasión.

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