El Tajes no es sólo un lugar. Es una capa profunda de la historia uruguaya, un territorio donde el paisaje, la política, la arquitectura, el río y la memoria se superponen como páginas de un libro todavía abierto. Y ese libro hoy tiene custodios. Se llaman Comisión del Patrimonio “Amigos del Tajes y su Territorio”, y no hablan de utopías: hablan de proyectos realizables.

El pasado sábado por la mañana, el Museo del Tajes abrió sus puertas y su relato al programa Desde la Ciudad del Río, que se emite por FM Ideal 90.1. Junto a su director, Juan Carlos Perdomo, recorrimos la Casona Museo, subimos al mirador a dieciséis metros de altura, visitamos las dependencias de la Colonia de Vacaciones “María Josefa Álamo de Suárez” y conversamos con quienes sostienen este espacio con convicción, conocimiento y afecto.

La presidenta de la Comisión, la museóloga y gestora cultural Verónica Stocco, fue la voz que hilvanó pasado y presente con una claridad poco frecuente. Porque hablar del Tajes es hablar de territorio, y hablar de territorio es hablar de identidad.

“Me une mucho este lugar”, dice Stocco. Y no es una frase hecha. Su vínculo es histórico, familiar y simbólico: es descendiente directa de Doña Josefa Álamo, la mujer que confeccionó y bordó la primera bandera del Uruguay independiente. Bajo los cimientos de la actual Casona Museo yace el antiguo casco de los Suárez–Álamo, testimonio de una historia que precede incluso a la construcción de la residencia de verano del general Máximo Tajes, levantada entre 1886 y 1887.

Tajes no eligió este sitio al azar. Admirador profundo de Joaquín Suárez —figura clave del Gobierno de la Defensa y pionero en el apoyo a la causa artiguista—, compró estas tierras para convertirlas en su lugar de descanso, de reflexión y también de política. Llegaban por agua, desde Montevideo, en apenas 45 minutos en barcos a vapor. El puerto ya existía desde tiempos de Pascual Álamo. El río era camino, comercio, encuentro.

La Casona, explica Stocco, es un ejemplo notable de arquitectura ecléctica, con impronta italiana, crestas ojivales medievales y un mirador de influencia morisca, descrito por Horacio Arredondo. No era sólo estética: era salud. Ventilación cruzada, múltiples ventanas, espacios amplios. En tiempos de tuberculosis, la arquitectura dialogaba con la medicina.

Pero el Tajes no se quedó congelado en el siglo XIX. Fue hotel de militares, centro social, punto turístico de primer nivel en el sur del país. Y hoy, vuelve a pensarse como nodo cultural, educativo y natural, con una mirada integral.

En la Sala de Conferencias del Museo, la Comisión desplegó su objetivo central: salvaguardar el patrimonio cultural, material e inmaterial, no sólo del edificio, sino del territorio que lo rodea. “El patrimonio es el nexo entre pasado, presente y futuro”, sostiene Stocco. Y ese futuro debe ser accesible, inclusivo y vivo.

En esa construcción colectiva aparece la voz de Gerardo Barbano, artista plástico, trabajador histórico de OSE y navegante incansable del río Santa Lucía. Su relación con el Tajes nace en la infancia y se profundiza en más de cuarenta años de navegación, estudio y creación artística. Para Barbano, el río no es paisaje: es identidad, inspiración y posibilidad.

Recuerda cuando Parador Tajes era un polo turístico de referencia en la década del 50. Llegaban turistas en ómnibus de Onda, se combinaban paseos fluviales, caminatas, té en Santa Lucía. Las viejas goletas remontaban el río, las embarcaciones traían visitantes desde Aguas Corrientes, y la actividad náutica era parte natural de la vida del lugar.

Hoy, lejos de la nostalgia vacía, Barbano habla de potenciar la navegación, de dragados puntuales y posibles, de balizamiento, de cartas náuticas, de gestión seria. “No es prohibitivo. Es cuestión de decisión y planificación”, afirma. Y lo dice con conocimiento técnico y amor orillero.

La Comisión ya tiene un primer respaldo concreto: un proyecto aprobado por el Ministerio de Turismo, por 150.000 dólares, denominado Parador Tajes accesible e inclusivo. No es una cifra simbólica: es una apuesta real del Estado a un modelo de turismo cultural, educativo y sostenible.

Rutas accesibles, senderos interpretativos, cartelería, baños inclusivos, rampas, recuperación del perfil náutico histórico, restauración del puerto Jackson, integración del monte indígena, la flora, la fauna y los humedales. Todo pensado para que el Tajes sea disfrutable todo el año, y por todas las personas.

“Esto es un derecho humano”, subraya Stocco. Accesibilidad e inclusión no como concesión, sino como principio. Pensar en grande, proyectar con firmeza y ejecutar por etapas. Así trabaja esta Comisión.

El Tajes, entonces, vuelve a hablar. No desde la melancolía, sino desde la acción. Porque cuando la memoria se organiza, el futuro deja de ser una promesa y empieza a ser un proyecto.

Y en este rincón del Santa Lucía, ese proyecto ya está en marcha.

Fuente: HOY Canelones

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