Amazon y la era del despido inteligente

En los pasillos silenciosos de Amazon ya no se escucha el vértigo de la expansión sin límites que marcó los años de la pandemia. Hoy, el eco que resuena es otro: el de la reestructuración, la poda interna y una palabra que incomoda a miles de trabajadores corporativos —inteligencia artificial— convertida en argumento central de una nueva etapa.

El gigante tecnológico volvió a pasar la motosierra. Sin detallar áreas ni geografías, Amazon confirmó una nueva ronda de despidos que se suma a los 14.000 anunciados en octubre y a los 27.000 recortes ejecutados en 2023, los más grandes de su historia. No es una empresa en crisis. Muy por el contrario: en su último trimestre, las ganancias crecieron casi un 40% y los ingresos superaron los 180.000 millones de dólares. El ajuste no responde a números en rojo, sino a una redefinición del poder y del trabajo.

Beth Galetti, vicepresidenta senior de la compañía, lo explicó sin rodeos en el blog corporativo: Amazon está “reduciendo capas, aumentando la propiedad y eliminando la burocracia”. Traducido al lenguaje llano: menos personas, menos mandos medios, más automatización y más presión individual. La empresa ofrece 90 días a los empleados en Estados Unidos para reubicarse internamente. Pasado ese plazo, llegará la indemnización, el seguro de salud y la puerta de salida.

Detrás de esa narrativa prolija se esconde una decisión estratégica que Andy Jassy, CEO de Amazon desde 2021, ya había anticipado: la inteligencia artificial generativa no será solo una herramienta, sino un reemplazo. Menos trabajadores corporativos, más procesos automatizados. Más eficiencia, menos humanidad.

El contraste es brutal. Mientras miles de empleados pierden su lugar, Amazon exhibe balances robustos y acciones al alza. No es una excepción, sino un síntoma. Las grandes tecnológicas están ajustando después de haber duplicado sus plantillas durante la pandemia, cuando el mundo se encerró y el consumo digital explotó. Hoy, con el crecimiento estabilizado, el costo humano parece prescindible.

El fenómeno no es aislado. UPS anunció hasta 30.000 despidos, Pinterest planea recortar cerca del 15% de su personal y otras compañías se mueven en un clima que los economistas llaman “no contratar–no despedir”: nadie expande, nadie arriesga. A eso se suma la incertidumbre por las políticas arancelarias del presidente Donald Trump, la inflación persistente y un mercado laboral que empieza a sentir el impacto real de la automatización.

Amazon insiste en que seguirá contratando en áreas “estratégicas”. Pero el mensaje ya está claro: el trabajo del futuro será para menos personas y bajo nuevas reglas. La pregunta que queda flotando no es tecnológica, sino política y social: ¿quién paga el costo de esta eficiencia extrema?

Mientras tanto, en Seattle, las pantallas siguen mostrando ganancias récord. Y en miles de escritorios vacíos, la promesa del progreso vuelve a escribir su letra chica.

Fuente: latimes.com/espanol/

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