El soldado que escribió lo que vio cuando el Río de la Plata era frontera, hambre y ambición.
Cuando el territorio del Río de la Plata apenas era un nombre incierto en los mapas europeos, hubo un hombre que decidió dejar constancia de lo que otros apenas murmuraban en cartas oficiales. No era noble, ni sacerdote, ni funcionario real. Era soldado. Alemán. Mercenario. Y cronista. Se llamaba Ulrico Schmidl.
Nacido en Straubing, en la Baja Baviera, entre 1500 y 1510, pertenecía a una familia acomodada de comerciantes vinculada al poder municipal. Pero como hijo de un segundo matrimonio, su horizonte patrimonial no era amplio. La aventura americana, entonces, no fue solo conquista: fue oportunidad.

El viaje hacia lo desconocido
Schmidl partió hacia España vía Amberes y se integró como soldado a la expedición de Pedro de Mendoza, que zarpó de Sanlúcar de Barrameda el 26 de agosto de 1534 rumbo al Río de la Plata. Detrás de aquella empresa estaban los intereses de la Corona española y también el capital de los poderosos banqueros Fugger, al servicio del emperador Carlos V.
Lo que siguió fueron veinte años en América. Hambre extrema, conflictos internos, luchas con pueblos originarios, traiciones políticas y fundaciones precarias. Schmidl participó en la primera fundación de Buenos Aires en 1536, en la de Asunción en 1537 y fue testigo directo de las disputas de poder entre Álvar Núñez Cabeza de Vaca y Domingo Martínez de Irala.
Mientras muchos combatían, él anotaba.
La crónica como testimonio
De esas anotaciones surgiría, años después, el Viaje al Río de la Plata, publicado en Frankfurt en 1567. La obra también circuló bajo otros títulos, entre ellos La admirable navegación realizada por el Nuevo Mundo entre Brasil y el Río de la Plata entre los años 1534 y 1554.
Es el único testimonio extenso escrito por un protagonista directo de la conquista rioplatense en ese período. Y eso le otorga un valor documental excepcional.
El texto está redactado en una lengua híbrida: alto alemán mezclado con hispanismos e indigenismos. Buenos Aires aparece germanizada como “Wonnaz Eirresz”. Las expresiones son crudas, directas, sin el refinamiento retórico de las crónicas oficiales. Schmidl no escribe para justificar a la Corona ni para glorificar héroes: narra lo que vivió desde la mirada de un soldado raso.
Su relato tiene carácter militar, pero también antropológico. Describe costumbres indígenas, geografías desconocidas y tensiones internas del poder colonial. No responde a los cánones historiográficos de su tiempo, y durante años fue menospreciado por ello. Sin embargo, hoy puede leerse como uno de los textos fundacionales de la narrativa rioplatense.

Manuscritos, censuras y ediciones
El manuscrito autógrafo conservado en Stuttgart confirma que Schmidl redactó su obra poco después de regresar a Europa, hacia 1554. Estudios paleográficos y análisis de marcas de agua sitúan su escritura entre 1552 y 1554.
La obra circuló en varias copias manuscritas antes de su primera impresión. Algunas versiones presentan suavizaciones o censuras respecto del original, lo que sugiere que ciertos pasajes resultaban incómodos para la sensibilidad política o religiosa de la época.
Fue editada nuevamente en colecciones de viajes de los siglos XVI y XVII, entre ellas las de Teodoro de Bry y Levinus Hulsius, con traducciones al latín que ampliaron su difusión en Europa.
En el Río de la Plata, la primera edición argentina apareció en 1903, traducida por Samuel Lafone Quevedo y editada por Bartolomé Mitre. Desde entonces, el texto ingresó definitivamente en la historiografía regional.
El regreso y la ruptura
Schmidl regresó a Alemania en 1552 tras recibir noticias del grave estado de salud de su hermano Thomas. En Straubing ocupó cargos municipales y se casó en 1558. Pero el conflicto religioso entre católicos y protestantes lo obligó a abandonar la ciudad en 1562, cuando el duque Albrecht V expulsó a los protestantes de Baviera.
Se trasladó a Ratisbona, donde fue aceptado como ciudadano en 1563. Allí construyó una casa que aún conserva su escudo de armas: un toro negro semicoronado sobre fondo blanco con la inscripción “Ulrich Schmidl von Straubing”.
Murió entre 1580 y 1581. Su testamento fue abierto el 21 de febrero de 1581.
El valor de una mirada
Ulrico Schmidl no fue un adelantado ni un gobernador. No firmó capitulaciones ni fundó imperios personales. Fue testigo.
Su obra es el punto de partida documental más importante sobre los primeros años de la conquista del Río de la Plata. Su relato, lleno de crudeza, hambre y violencia, desarma la épica simplificada de la colonización y devuelve humanidad —con todas sus contradicciones— a un proceso fundacional.
En tiempos donde la memoria histórica vuelve a debatirse, recordar a Schmidl es recordar que el primer gran relato del Río de la Plata no lo escribió un héroe oficial, sino un soldado que decidió contar lo que vio.
Y en ese gesto, inauguró la tradición del cronista rioplatense.
