El periodismo rioplatense nació en medio de guerras, revoluciones y disputas ideológicas. En los últimos tiempos de la Colonia estaba todavía en pañales, pero ya demostraba su poder como herramienta política. No era una prensa informativa en el sentido moderno: los periódicos no se fundaban para narrar objetivamente los hechos, sino para sostener causas, defender gobiernos o combatirlos. La noticia del arribo o partida de navíos en el puerto era apenas un complemento; lo sustancial era la polémica.

En 1807, durante la breve ocupación inglesa de Montevideo, apareció The Southern Star (La Estrella del Sur), editado para afirmar el dominio británico. Poco después, en 1810, fray Cirilo de Alameda comenzó a publicar La Gaceta de Montevideo, defensora de la causa española, en abierta controversia con la revolucionaria Gazeta de Buenos Ayres, fundada por Mariano Moreno. En Buenos Aires, desde fines del siglo XVIII, había existido experiencia periodística con Telégrafo Mercantil, el primer periódico regular del Río de la Plata.

AREA TOTAL /Desde la frontera Rivera Livramento EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.

Ese era el clima cuando, en la tercera década del siglo XIX, comenzaron a llegar al Plata los primeros italianos que dejarían huella en la prensa local. No eran inmigrantes económicos, sino exiliados políticos. Los fracasos de los movimientos liberales de 1820-21 y de 1830-31 en la península italiana, seguidos por duras persecuciones de la restauración absolutista tras la caída de Napoleón, empujaron a muchos intelectuales a buscar refugio en América.

1826: guerra y exilios

Nuestro relato se sitúa en 1826. La Banda Oriental había declarado su independencia del Imperio del Brasil; Montevideo estaba aún ocupada por fuerzas brasileñas, mientras Manuel Oribe la sitiaba y Juan Antonio Lavalleja acampaba en el interior. La Argentina, aliada de los orientales, estaba en guerra con Brasil, y el almirante Guillermo Brown bloqueaba el puerto.

En ese contexto arribaron, con poca diferencia de tiempo, dos italianos de relieve: Livio Zambeccari y Pedro De Angelis. No se conocieron y eran profundamente distintos, pero ambos serían, además de otras cosas, periodistas. Zambeccari —boloñés de antigua nobleza— terminaría en Brasil; De Angelis, contratado por el gobierno argentino, se convertiría en el primer gran periodista italiano del Río de la Plata.

Pedro De Angelis: entre el liberalismo y el orden

Pedro de Angelis llegó al Plata impulsado por el proyecto modernizador de Bernardino Rivadavia, quien buscaba transformar Buenos Aires en una capital europea. Rivadavia reclutó en el Viejo Mundo a científicos, docentes y técnicos perseguidos por la Santa Alianza, y también quiso dotar a la ciudad de una prensa moderna que apoyara sus reformas.

De Angelis no era un revolucionario romántico. Hijo de un historiador napolitano, había vivido las oscilaciones políticas del Reino de Nápoles: la revolución de 1799, la monarquía napoleónica de Joaquín Murat y la restauración borbónica. Liberal moderado y masón, fue funcionario, diplomático y hombre de letras en París, donde trató a figuras como Guizot y Michelet. Su liberalismo era ilustrado y conservador: prefería el despotismo racional de Napoleón al absolutismo reaccionario, pero desconfiaba de los movimientos populares.

Al llegar al Plata, tras un viaje accidentado y un paso amargo por Montevideo —a la que describió como “casi enemiga”—, comenzó a trabajar junto al español José Joaquín de Mora. Fundaron la Crónica Política y Literaria de Buenos Aires y proyectaron El Conciliador. La caída de Rivadavia frustró la empresa, y De Angelis debió reinventarse como docente y periodista independiente.

Su trayectoria en la Argentina puede dividirse en tres etapas: el breve período rivadaviano; una fase de transición, en la que frecuentó el Salón Literario de Marcos Sastre y entró en contacto con la generación del 37; y finalmente su consolidación como vocero intelectual del rosismo desde La Gaceta Mercantil y otros órganos oficiales.

Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, De Angelis dirigió publicaciones como El Lucero y luego el El Monitor. Allí combinó artículos circunstanciales, elogiosos del poder, con ensayos históricos y jurídicos de mayor aliento. En paralelo, reunió y publicó una documentación histórica fundamental para la Argentina, siguiendo el modelo erudito de Ludovico Antonio Muratori y la filosofía de la historia de Giambattista Vico.

Su figura resultó polémica. Para los jóvenes románticos que luego partirían al exilio —como Alberdi— fue “el plumífero” del tirano. Sin embargo, fue también quien transmitió a la cultura rioplatense el rigor documental italiano y la reflexión histórica de Vico. En él convivían el erudito y el funcionario, el intelectual refinado y el periodista ministerial.

La otra cara: Cúneo, Mazzini y la prensa militante

En el mismo ambiente del Salón Literario actuaba otro italiano, antítesis de De Angelis: Giovanni Battista Cúneo, militante mazziniano. Discípulo de Giuseppe Mazzini, había pasado por Brasil y Montevideo difundiendo las ideas de la “Joven Italia”. Su periodismo era combativo, revolucionario, impregnado de fe republicana.

A diferencia de De Angelis, que buscaba orden en medio del caos, Cúneo veía en el Río de la Plata un escenario para continuar la lucha liberal europea. La prensa se convertía así en instrumento de propaganda, de organización y de combate ideológico. Montevideo, especialmente durante la Guerra Grande, sería un hervidero de periódicos editados por italianos y otros exiliados, donde se cruzaban las causas rioplatenses y europeas.

Zambeccari y el horizonte brasileño

Livio Zambeccari, por su parte, desarrolló en Brasil una intensa actividad periodística y política. Su paso por Montevideo en 1826 fue apenas una estación en un itinerario mayor. También él encarnaba el perfil del aristócrata liberal expulsado por la restauración europea, que en América encontraba un espacio ambiguo: promesa de libertad, pero también escenario de guerras civiles y caudillismos.

Un puente entre dos mundos

El comienzo del periodismo italiano en el Río de la Plata no puede entenderse como un simple aporte técnico. Fue, ante todo, un trasplante cultural. Estos exiliados trajeron consigo debates europeos —liberalismo, romanticismo, republicanismo— y los injertaron en la realidad convulsa de las nuevas repúblicas sudamericanas.

En una prensa todavía profundamente política, donde cada hoja era un manifiesto y cada número un acto de combate, los italianos desempeñaron un papel decisivo. De Angelis aportó método histórico y aparato crítico; Cúneo, pasión revolucionaria; Zambeccari, la experiencia del liberalismo aristocrático. Entre todos ayudaron a modelar una esfera pública rioplatense más compleja, más cosmopolita y más consciente de su inserción en los grandes conflictos ideológicos del siglo XIX.

Así, entre imprentas precarias, guerras civiles y exilios interminables, comenzó la historia del periodismo italiano en el Plata: una historia atravesada por la tensión entre libertad y orden, entre romanticismo y pragmatismo, entre la nostalgia de Europa y la construcción de una nueva identidad americana.

Fuente: Biblioteca Nacional

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