AREA TOTAL/ Desde Mercedes, Soriano EDUARDO MÉRICA para PERIODISTAS EN RED.

La historia de la prensa en el departamento de Soriano es, en buena medida, la historia política del Uruguay profundo. Nace en medio del fragor del siglo XIX, cuando el país todavía buscaba afirmarse institucionalmente y el caudillismo marcaba el pulso de la vida pública.

A mediados del siglo XIX, la organización del gobierno depositaba en los jefes políticos departamentales la tutela del poder público y la defensa de los intereses nacionales. Aquella concentración de autoridad —frecuentemente en manos de hombres surgidos del ejército— creaba el terreno fértil para el caudillo: figura dominante, protectora y, a la vez, desafiante de los altos poderes del Estado. Durante décadas, sus enfrentamientos arrastraron al país a luchas civiles interminables. Sin embargo, paradójicamente, fue ese mismo caudillo quien amparó los primeros intentos periodísticos en Soriano.

La necesidad de justificar ante sus gobernados sus decisiones y su línea de conducta lo llevó a respaldar —de manera no siempre explícita— la creación de periódicos que, aunque se proclamaban “independientes”, sostenían con firmeza sus posturas. Los documentos administrativos de la época dan cuenta de ese vínculo. En 1859, el diario montevideano La Nación publicó el detalle de los ingresos policiales del departamento de Soriano y, entre los egresos, figuraba la suscripción al periódico El Eco del Río Negro, por un monto superior al de los suscriptores comunes. El dato confirma lo que la historia sugiere: la prensa nacía bajo el ala protectora —y política— del poder regional.

Con el declive del caudillo, fue la agrupación partidaria la que asumió ese rol tutelar. Los periódicos pasaron entonces a convertirse en órganos doctrinarios, dedicados a la defensa de los ideales del partido que los impulsaba. Según soplaran los vientos políticos, podían ser panegiristas fervorosos o críticos implacables. La prensa del interior reflejaba, como un espejo fiel, la agitación o la calma de la vida nacional.

Pero más allá de la protección política, la realidad económica resultó implacable. La debilidad comercial e industrial de los pueblos del interior, la escasa inversión publicitaria y las dificultades para obtener insumos básicos condenaron a muchos periódicos a una existencia breve. Los congresos de periodistas del Interior, celebrados en Montevideo y otras ciudades, intentaron hallar soluciones, pero apenas lograron paliativos transitorios. El problema era estructural: sin una base económica sólida, la prensa sobrevivía a duras penas.

En ese contexto adverso, Soriano ostenta un privilegio singular entre los departamentos del litoral: haber contado tempranamente con un periódico. Ese mérito se vincula a la figura de Dermidio De María, quien llegaría a ser decano de los periodistas uruguayos. Iniciado a los once años como tipógrafo en El Constitucional, en Montevideo, supo forjar su oficio entre talleres y redacciones. Tras colaborar en periódicos de Gualeguaychú, regresó al país decidido a sembrar prensa en el litoral.

Así nació en Mercedes el primer periódico del departamento, cuya vida fue efímera —menos de un año— en un país atravesado por tensiones políticas. Su redacción funcionaba frente a la Plaza Independencia, en la casa de Calixto Machuca. Dermidio y Alcides De María integraban el núcleo redactor, mientras que en el taller tipográfico daba sus primeros pasos Fortunato Gigena, futuro fundador y director de numerosas publicaciones.

No se conservan ejemplares de aquel primer periódico mercedario, ni se conoce con exactitud su fecha de aparición. Sin embargo, la referencia publicada el 28 de marzo de 1857 en la prensa capitalina permite reconstruir parte de su existencia. Poco después surgiría El Eco del Río Negro, que ocuparía el segundo lugar en el orden cronológico de Soriano y cuya huella también debió rastrearse en los periódicos de Montevideo ante la falta de ejemplares locales.

El auge y la caída de estos periódicos acompañaron los ciclos de estabilidad y tumulto de la historia nacional. En tiempos de calma institucional, la prensa encontraba respiro; en épocas de convulsión, se convertía en tribuna apasionada o caía víctima de la escasez y la persecución.

La prensa de Soriano, como la del interior del país, nació al calor de la política, sobrevivió gracias al compromiso de hombres obstinados y padeció las limitaciones económicas de su entorno. Fue regional en su alcance, pero profunda en su significado: testigo de la construcción institucional del Uruguay y voz de un departamento que, desde temprano, quiso escribir su propia historia.

DERMIDIO DE MARIA
«EL RlO NEGRO»

«Estoy ahí, con el pensamiento, y veo al Progreso, al eterno conquistador, agitando en sus manos -estas hojas primorosas asociadas al recuerdo del rudimentario papiro que, en 1857, recibió en Mercedes la primera impresión tipográfica, en rústica prensa de madera.
(Fénix) 1900.

El departamento de Soriano goza del privilegio, entre los departamentos del litoral, de haber contado por primera vez con un periódico. Este privilegio se debe al conocido y prestigioso periodista Dermidio De María que más tarde llegaría a ocupar el decanato de los periodistas uruguayos. Luchador incansable en las lides periodísticas, se inicia a la edad de once años en «El Constitucional», que se
publicaba en el año 1847 en Montevideo, donde aprende los rudimentos del oficio de tipógrafo. Con este bagaje y poseyendo como valioso auxiliar sus entusiasmos juveniles, colabora en varios periódicos de Gualeguaychú donde se halla en el año 1856. En este momento de su vida decide volver a su patria y de su conferencia dictada en el Círculo de la Prensa de Montevideo en el año 1913, podemos, extraer lo que podría llamarse el génesis.de la prensa en el departamento de Soriano:

«Así errante, rodando sin rumbo y aprendiendo. sin guía en la lectura de libros y periódicos, volví por fin a la patria en 1857 para fundar, en Mercedes, el primer periódico publicado en nuestro litoral del Uruguay, privado hasta entonces de aquel instrumento de cultura. Fué el «Río Negro» y esa empresa, acometida con elementos tipográficos de mi propiedad, me valió la distinción de ser miembro honorario de la «Sociedad Constancia» de aquella ciudad por unanimidad de votos y a propuesta de los señores David Silveira, Manuel Chopitea y Juan F. Braga, siendo presidente de dicha institución el coronel de ingenieros Don Joaquín Teodoro
Egaña y secretario el Señor Avelino E. Delgado».

RÍO NEGRO

«Vamos en progreso, el pueblo de Mercedes da el primer paso para el establecimiento de un periódico, titulado así, cuyo programa es el siguiente: «Mercedes, marzo de 1857».
Con este título vamos a fundar el primer periódico que verá la luz pública en los pueblos del litoral de la República Oriental del Uruguay. Le damos el nombre del famoso y pintoresco río, que borda, arrulla y fecunda, a su simpática, linda y fecunda Mercedes, y que sirve de vehículo para llevar a su seno los dones del comercio y de la industria que le dan vida. Ninguna idea, ningún fin que no sea completamente honesto, pacífico, patriótico y sincero, nos induce a: emprender esta publicación.

«La República está en paz; revive y se robustece gradualmente a su sombra, de sus profundos quebrantos. Todas las clases se entregan sosegadas al trabajo; la campaña presenta en esta línea un ejemplo de virtud y de buen sentido, la capital, nuestra hermana; se levanta en alas de una visible prosperidad y de una época de fecundante laboriosidad y sosiego, viene a avivar la fe de todos en el porvenir risueño de la patria. Con ella, pues, llevaremos nuestro pobre grano de arena, a la obra de su anhelada y merecida. ventura. La aparición de un periódico en estos lugares apartados de la populosa capital, significa PROGRESO E ILUSTRACION, sirviendo de barómetro para juzgar del estado de cultura de los pueblos del Interior, de su adelanto y prosperidad y de la confianza que inspira la situación pacifica y floreciente de la República, bajo la benéfica influencia del ardor y al abrigo de las instituciones protectoras que nos rigen, a que rinde cumplido culto los pueblos aleccionados en grandes infortunios y el gobierno que preside sus destinos. Bajo este punto de vista, creemos que el establecimiento de una imprenta y la publicación de un periódico en Mercedes, no podrá dejar de interesar al crédito de esta importante y aventajada población, cuyas necesidades crecen en proporción de su progreso refluyendo al mismo tiempo en beneficio no solamente del departamento de Soriano, sino también de los de sus cercanías, que tendrán en ello un medio de publicidad más inmediato. En este concepto y contando con la protección de los habitantes y autoridades locales, nos disponemos a emprender en este destino la publicación del <Río Negro» en que procuraremos consignar en la posible exactitud todo cuando pueda ofrecer algún interés a nuestros suscritores y ser útil al comercio, a la industria, a la labranza y al pastoreo que constituyen la riqueza de la República y son fuentes fecundas de engrandecimiento y prosperidad.

Los tendremos al corriente de los acontecimientos más notables del exterior y no descuidaremos las noticias de interés que nos lleguen de la Capital y de los demás departamentos. Las leyes que se promulguen y todas las disposiciones gubernativas que más inmediatamente puedan interesar a la campaña tendrán preferencia en las columnas de «Río Negro» como lo permita su estrechez. Sin la protección del público nada podemos, nada emprenderíamos. Con ella podemos mucho y estaremos en actitud de mejorar y dar ,mayor jerarquía al periódico. Le pedimos al pueblo de Mercedes y a todos los amigos del progreso del país al que consagraremos nuestros débiles esfuerzos. Se publicará por ahora un pliego común ocho veces al mes. Precio de suscrición: un patacón, pagadero por adelantado, después de publicados los dos primeros números del mes. Aparecerá tan luego como reunamos un número regular de suscritores. Queda abierta la lista de suscrición en Mercedes, en el villar de la «Sociedad Constancia», calle de las Artes, en la oficina de la Capitanía del Puerto y en la posada conocida por Cancha de arriba» calle Sarandí).

Fuente: Biblioteca Nacional

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