Jesús María volvió a latir al ritmo profundo de la doma y el folclore. En el festival más grande de América, donde la historia se escribe cada enero entre montas, guitarras y banderas, la tradición volvió a tender puentes entre generaciones, territorios y formas de vivir la cultura. Y en medio de ese mar humano, entre bombachas, boinas y aplausos interminables, hubo un detalle que no pasó desapercibido: la presencia de un joven arachán de Río Branco, bien plantado, bien vestido y orgulloso de decir presente.

AREA TOTAL | Desde Melo, Cerro Largo FABIÁN MAGALLANES para PERIODISTAS EN RED.
Llegó como llegan muchos a Jesús María: con curiosidad, respeto y ganas de vivir algo que se siente antes de explicarse. Rodeado de símbolos que atraviesan fronteras, el arachán se mezcló con el público, absorbió el clima y fue parte de ese ritual colectivo que año tras año convierte al festival en un punto de encuentro continental. Allí no importa de dónde venís, sino cómo vivís lo que pasa frente a tus ojos.
El momento más comentado llegó de manera inesperada. Consultado por Los Tekis, una de las bandas emblema del folclore moderno argentino, el joven respondió con total naturalidad que no tenía idea de quiénes eran. Lejos de la polémica, la reacción fue espontánea, genuina y hasta simpática. Arrancó sonrisas y dejó al descubierto algo más profundo: el cruce de mundos entre la tradición histórica del festival y las nuevas generaciones, que se acercan al folclore desde otros códigos, otras referencias y otras sensibilidades.
Jesús María es justamente eso. Un espacio donde conviven la memoria y el presente, donde el legado no se impone, sino que se renueva. Donde un gurí de Río Branco puede emocionarse con la doma, vestirse para la ocasión y, al mismo tiempo, no reconocer a una banda histórica sin que eso le quite sentido a su experiencia.
Entre el polvo del campo, los acordes que se repiten desde hace décadas y las miradas nuevas que descubren todo por primera vez, el festival volvió a demostrar por qué es único. Porque no se trata solo de saber, sino de sentir. Y en Jesús María, un arachán también puede escribir su propia historia, aunque no sepa quiénes son Los Tekis.
De qué se trata el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María
Capítulo I – El sueño solidario (1965)
La historia del Festival de Jesús María nace lejos de los grandes escenarios y de la trascendencia continental que hoy lo caracteriza. Su origen está en una necesidad concreta y profundamente humana: ayudar.
En mayo de 1965, la Cooperadora de la Escuela Primer Teniente Morandini se reunió con el objetivo de recaudar fondos para la atención de los niños. En ese encuentro, la propuesta de Enrique Jarbas Pereyra marcó el rumbo definitivo: realizar un festival de doma, acompañado por canto y danza nativa.
Así comenzó a gestarse una idea que uniría a escuelas, cooperadoras y vecinos bajo un mismo propósito solidario, dando origen a la Unión de Cooperadoras Escolares, pilar fundamental del Festival.
Capítulo II – El primer escenario y la identidad
Con esfuerzo colectivo y trabajo voluntario, se consiguió un terreno baldío que fue acondicionado para albergar el evento. Allí se levantó un escenario circular, se cercó la pista de jineteada y se organizaron corrales y bretes de manera precaria pero eficiente.
En ese contexto nació una frase que definiría para siempre al Festival, pronunciada por primera vez por el maestro de ceremonias:
“Desde Jesús María, Capital Nacional de la Doma y el Folklore”.
Una identidad que, con el tiempo, trascendería fronteras.
Capítulo III – La primera edición (1966)
Entre el 8 y el 16 de enero de 1966 se realizó la primera edición del Festival Nacional de Doma. Manuel Corrales fue su primer presidente y la transmisión radial estuvo a cargo de Radio Universidad de Córdoba.
Con 45.000 asistentes y una recaudación histórica para la época, el Festival comenzó a escribir su leyenda. Los campeones de jineteada, las tropillas de la región y los primeros payadores dieron vida a un espectáculo auténtico, nacido del interior profundo y para el pueblo.

Capítulo IV – Crecimiento y consolidación
Con el paso de los años, el Festival creció en infraestructura, organización y proyección. El escenario se amplió, el campo de jineteada se perfeccionó y cientos de artistas pasaron por sus tablas, ovacionados por un público fiel.
Jesús María se transformó en una cita obligada del calendario cultural argentino y latinoamericano, sin perder jamás su esencia: la tradición, la doma y el compromiso social.
Capítulo V – Una institución con corazón social
El Festival de Jesús María es mucho más que un espectáculo. Es una ONG integrada por veinte cooperadoras escolares que trabajan con valores como la solidaridad, el respeto y el pluralismo.
Cada año, entre el 50 y 60 % de lo recaudado se destina directamente a las escuelas, beneficiando a miles de niños y jóvenes. La educación es el eje central de este proyecto, sostenido por más de 550 colaboradores voluntarios.
Capítulo VI – Waytas, Malens y el Gaucho del Festival
En 2008, el Festival incorporó figuras representativas que reflejan su identidad cultural. Así nacieron las Waytas y Malens, jóvenes formadas integralmente para representar al Festival en todo el país.
Más recientemente, se sumó la figura masculina del Gaucho del Festival, reafirmando el compromiso con la inclusión y la tradición viva.
Capítulo VII – La Plazoleta y el Museo
El recorrido histórico se materializa en la Plazoleta del Festival y en el Museo, donde se atesoran más de cinco décadas de historia. Campeones de jineteada, símbolos institucionales, objetos del folklore argentino y recuerdos imborrables conforman un espacio que transmite la esencia del Festival: voluntariado, identidad y educación.
Capítulo VIII – El Almacén del Festival
El Almacén del Festival es el espacio donde la memoria se vuelve tangible. Cada producto oficial está pensado para evocar las noches festivaleras y fortalecer la marca Jesús María.
Desde remeras hasta el icónico Poncho Oficial del Festival, el Almacén es parte del legado cultural y emocional que acompaña a quienes visitan el predio durante todo el año.
Capítulo Final – Jesús María, una tradición que se renueva
Más de medio siglo después de aquella reunión de 1965, el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María sigue siendo un faro cultural del continente.
Un encuentro donde la tradición no se conserva en vitrinas, sino que se vive, se transmite y se reinventa, siempre con un mismo fin: la solidaridad y la educación como bandera.

