URUGUAY ENTERO/Desde Melo Fabián Magallanes para PERIODISTAS EN RED.

De madrugada, cuando la ciudad de Melo todavía dormía y el silencio cubría los muros de la cárcel, un recluso decidió jugar su última carta. Forzó las rejas, midió el tiempo y salió sin ser advertido. Creyó que le había ganado al sistema. La ilusión de libertad, sin embargo, fue apenas un parpadeo.

La fuga ocurrió en plena noche del lunes. Nadie lo notó en el momento. Recién con la llegada de la mañana, durante los controles rutinarios, la ausencia quedó al descubierto y se activó el protocolo. Lo que siguió fue una respuesta policial tan veloz como contundente: en pocas horas, el prófugo volvió a estar bajo custodia.

El dato no pasó desapercibido entre los funcionarios ni en la opinión pública: al interno le restaban menos de dos meses para cumplir su condena. Se apuró. Apostó a un atajo que terminó devolviéndolo por la misma puerta por la que había salido, esta vez escoltado por un patrullero y con el margen de error reducido a cero.

Ahora, mientras el episodio ya está cerrado en tiempo récord, la investigación apunta a un punto clave: cómo logró forzar las rejas y salir sin ser advertido durante varias horas. La fuga fue breve, casi fugaz; la respuesta policial, inmediata y eficaz.

El hecho deja un saldo claro y otro inquietante. Por un lado, la rápida recaptura reafirma la capacidad de reacción de la Policía. Por otro, vuelve a abrir un interrogante que se repite en cada episodio similar: qué tan seguras son realmente las estructuras y los controles del sistema penitenciario.

La libertad le duró poco. Las preguntas, en cambio, siguen en el aire.

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