El telón imaginario volvió a abrirse en el corazón de Mercedes y el carnaval de Soriano desplegó, una vez más, su ritual colectivo sobre el escenario de Manzana 20. Allí, bajo las luces que recortan siluetas y maquillajes, se cerró la primera ronda del concurso de agrupaciones en una noche cargada de expectativa: viernes 13, cifra supersticiosa para algunos, pero festiva y desafiante para los carnavaleros.

La jornada tuvo tres nombres propios. Desde el este del país llegó la murga La Prima de Artigas, representando a Rocha, con una propuesta afinada en lo coral y punzante en sus textos. Desde el interior del propio departamento, La Milagrosa de Dolores apostó a la identidad local, combinando humor y crítica en un espectáculo de ritmo sostenido. Y cerrando la noche, Golpe y Quedo de Fray Bentos aportó potencia escénica y una batería que marcó el pulso de la platea.

Fue el final de la primera etapa, pero no el desenlace. El próximo lunes 16 comenzará la segunda y última ronda, que se extenderá hasta el viernes 20. Allí no habrá margen para distracciones: cada agrupación volverá a presentarse ante un jurado que medirá con lupa cada detalle técnico y artístico para definir la tabla final.

El cuerpo de jurados conjuga experiencia y especialización. Alfredo Leirós actuará como presidente alterno, coordinando la tarea evaluativa. Andrés Atay tendrá a su cargo arreglos corales, voces y musicalidad, un rubro clave en la murga. Tabaré Aguiar evaluará textos e interpretación, donde la sátira y la crítica social deben convivir con la poesía popular. Verónica Caissiols analizará puesta en escena, movimiento escénico y ajuste a la categoría. Diego Colmán observará coreografía y baile, mientras que Jimmy Crespo calificará vestuario, maquillaje y escenografía, componentes fundamentales en la construcción estética del espectáculo.

En la Manzana 20 no solo se compite: se construye identidad. Música, iluminación y colores; voces que se entrelazan en armonías trabajadas; textos que interpelan la realidad; estilos e indumentarias que narran tanto como las letras. Cada elemento es una pieza de un engranaje cultural que define al carnaval como un fenómeno artístico y social.

El carnaval de Soriano no es apenas un concurso: es un espacio donde el pueblo se reconoce en el espejo del escenario. Allí, durante unos minutos, la risa, la crítica y la emoción se funden en una misma mística. Y cuando las luces se apagan, queda flotando en el aire esa certeza antigua: el carnaval no termina cuando baja el telón, sigue vivo en la memoria colectiva hasta el próximo febrero.

Fuete: Comuna de Soriano

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