El reencuentro fue breve, intenso y cargado de emoción. En la puerta del edificio donde permanece alojada en Río de Janeiro, Agostina Páez abrazó a su padre y a su hermana menor luego de varios días marcados por la detención, la incertidumbre judicial y la exposición pública. Bajo libertad ambulatoria, pero con tobillera electrónica y prohibición de salir de Brasil, la joven enfrenta una acusación por injuria racial, delito que en ese país prevé penas de dos a cinco años de prisión.

“Sentí mucho temor cuando la detuvieron, pensé que su vida corría peligro”, expresó Mariano Páez, su padre, quien viajó de urgencia junto a su hija menor tras conseguir pasajes a último momento. La familia planea permanecer entre una y dos semanas en Brasil para acompañarla y seguir de cerca la evolución de la causa. También confirmaron reuniones con el abogado defensor y posibles gestiones ante el consulado argentino.

La joven optó por no aparecer ante cámaras. Según explicó, su imagen se ha difundido masivamente en redes sociales en el marco de campañas antirracistas, lo que —afirma— la expone a amenazas constantes. “No hay objetividad. Estoy muy expuesta. Usan mi imagen, hacen stickers, recibo amenazas todo el tiempo”, sostuvo. En un testimonio atravesado por el miedo, agregó: “La gente me odia, me quieren matar”.

Su defensa también denunció un clima de hostilidad permanente. Páez asegura que evita salir por temor y que incluso se siente desprotegida. “Incluso la misma Policía me expone”, afirmó, sin dar detalles sobre el expediente judicial en curso. “No puedo hablar de los hechos. No mentí en nada, conté lo que pasó. Acá todo se interpreta de otra manera y eso me pone en peligro”, señaló.

Las restricciones impuestas por la Justicia brasileña incluyen el uso obligatorio de tobillera electrónica y la obligación de presentarse una vez por mes ante el juzgado, entre el día 1 y el 10. No existe por ahora una fecha concreta para su regreso a la Argentina. Desde mediados de enero tiene prohibido abandonar el país, aunque recuperó su documento de identidad.

El expediente está a cargo del juez Orlando Eliazaro Feitosa, del Tribunal de Justicia de Río de Janeiro, quien deberá definir los próximos pasos del proceso. La fiscalía solicitó prisión preventiva en su momento, aunque la joven recuperó la libertad bajo condiciones. La defensa sostiene que no existen riesgos procesales y remarca que Páez cumple con todas las medidas impuestas.

La tensión en torno al caso se agravó tras un episodio reciente: tres personas ingresaron al departamento donde se alojaba, lo que obligó a una mudanza por razones de seguridad. Días después, pasó varias horas detenida en una comisaría, en un procedimiento que incrementó la preocupación familiar.

En medio del proceso judicial y la presión social, el caso se mueve en dos planos simultáneos: el estrictamente legal, donde se definirá si la acusación prospera, y el público, donde la exposición en redes sociales amplifica reacciones, condenas anticipadas y discursos polarizados. Mientras la Justicia brasileña avanza en su evaluación, Agostina Páez permanece en Río, con una tobillera que marca sus límites físicos y una controversia que excede las fronteras judiciales.

Fuente: INfonews

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