Su despedida no suena a retiro. Suena a punto de inflexión.

En tiempos donde la mayoría prefiere el silencio cómodo antes que la palabra incómoda, Jorge Baillo eligió hablar. Y no habló poco. Lo hizo en Periodistas en Red, en una entrevista que ya quedó marcada como una de esas que incomodan al poder y despiertan a la profesión. Allí confirmó la primicia: después de un cuarto de siglo en VTV con su histórico programa Rumbo a la Cancha, se baja de la pantalla.

Veinticinco años no son un contrato; son una era. Baillo fue parte del paisaje estable del fútbol uruguayo televisado. Vio pasar generaciones de jugadores, dirigentes, derechos de televisión, contratos millonarios y crisis institucionales. Pero también vio —y eso es lo que hoy lo desvela— cómo cambió la manera de contar el fútbol.

PODCAST/Desde Montevideo ENTREVISTA/EDUARDO MÉRICA – RICARDO CASTRO BRITOS Y PABLO BONE para PERIODISTAS EN RED.

El adiós a VTV: “Los ciclos se cumplen”

En la entrevista, lejos de dramatizar, Baillo habló con la serenidad del que sabe lo que deja atrás. Rumbo a la Cancha fue durante años una referencia para el análisis futbolero, con información, debate y una mirada crítica que nunca se limitó al resultado del domingo.

“Los ciclos se cumplen”, deslizó. Pero detrás de esa frase hay más que desgaste profesional. Hay un contexto. Hay un clima.

Porque su salida coincide con la implementación del nuevo Manual de Operaciones de Producción de la AUF, un documento que redefine quién decide qué se muestra, cómo se muestra y cuándo se muestra el fútbol uruguayo.

Y ahí Baillo no dudó.

El manual que cambió la cancha

La AUF distribuyó a las empresas que transmiten el Campeonato Uruguayo un reglamento que, según sus autoridades, busca profesionalizar el producto. Sin embargo, el documento va mucho más allá de aspectos técnicos.

El texto establece que “la titularidad de los derechos audiovisuales, editoriales y de contenido pertenece de manera exclusiva e inalienable a la Asociación Uruguaya de Fútbol”. Es decir, no solo el negocio es de la AUF: también la narrativa.

Se crea la figura del Comisionado de Transmisión de Partido, presente en partidos relevantes y definido como “la autoridad suprema” en el control. Por encima del director de cámaras. Por encima del productor. Sus órdenes —indica el manual— son de “cumplimiento obligatorio e inmediato”.

Puede vetar imágenes, gráficos o audios que considere perjudiciales para la institución o la competencia. No se puede debatir la orden en caliente. Se acata.

Baillo fue directo:

—“Cuando una autoridad puede vetar una imagen en tiempo real sin discusión, ya no estamos hablando solo de producción. Estamos hablando de control editorial”.

Lo que se puede y lo que no se puede mostrar

El manual establece, entre otros puntos:

Pero el capítulo más sensible es el de la “protección de altas autoridades”.

Si el presidente de la República o el presidente de la AUF están en el estadio, no pueden ser mostrados en vivo. Deben grabarse imágenes institucionales, aprobadas previamente, y solo emitirse en pausa. No pueden aparecer bostezando, mirando el celular, comiendo, bebiendo o gesticulando.

El argumento: evitar “gestos fuera de contexto”.

Baillo lo resumió así:

—“Si el fútbol es espectáculo en vivo, la transmisión también lo es. Editar la realidad en tiempo real es construir una versión oficial del partido”.

El silencio que duele

Más allá del contenido del manual, lo que más le preocupa a Baillo es la reacción —o la falta de ella— de la propia prensa.

Organismos que dicen representar y defender a los periodistas no han emitido comunicados públicos cuestionando estas disposiciones. No hubo declaraciones firmes sobre la figura del comisionado como autoridad suprema ni sobre el veto obligatorio.

¿Por qué?

En Periodistas en Red, Baillo arriesgó una explicación incómoda: dependencia económica.

Los derechos audiovisuales concentran poder. Las empresas necesitan el producto. Los periodistas trabajan en esas empresas. Y pocos están dispuestos a enfrentarse a quien controla el acceso.

“No es miedo individual”, deslizó. “Es estructura”.

Según su mirada, el nuevo contrato consolidó un modelo más centralizado y dominante que los anteriores. La AUF no solo organiza la competencia: ahora también modela su relato.

¿Censura o estandarización?

Desde la AUF se argumenta que el manual se asemeja a los de Conmebol, UEFA o FIFA, que también establecen lineamientos estéticos y narrativos. Profesionalización, cuidado de imagen, protección institucional.

La diferencia, según Baillo, está en el margen.

“Una cosa es ordenar técnicamente una transmisión y otra es reservarse el derecho absoluto de veto en vivo. Eso cambia la relación entre prensa e institución”.

La discusión no es menor: ¿quién cuenta el fútbol? ¿El que lo organiza o el que lo transmite?

El periodista que eligió no callarse

En medio de un escenario donde la mayoría optó por la prudencia —o el silencio—, Baillo fue uno de los pocos que salió públicamente a cuestionar el manual.

No lo hizo desde la estridencia. Lo hizo desde la experiencia.

Veinticinco años en pantalla le dan autoridad. Conoce cómo funcionan los derechos, las presiones, los equilibrios. Y quizás por eso puede hablar ahora con menos ataduras.

Su salida de Rumbo a la Cancha coincide con esta batalla conceptual. No es casualidad que su despedida tenga tono de advertencia.

“El periodismo deportivo no puede convertirse en vocería institucional”, afirmó.

Un punto de inflexión

La entrevista dejó algo claro: Baillo no se va del periodismo. Se va de un formato, de una etapa, de una pantalla. Pero no se retira del debate.

Su postura abrió una grieta necesaria en una discusión que muchos preferían mantener en voz baja. Porque el manual no es solo un reglamento técnico; es un documento político en el sentido más amplio del término: define poder.

Y el poder, cuando no es discutido, se consolida.

La cancha sigue

Cuando termine esta temporada y Rumbo a la Cancha baje definitivamente el telón, quedará una pregunta flotando en el ambiente futbolero uruguayo: ¿quién se animará a continuar la discusión?

Baillo ya dio el paso. Dijo lo que piensa. Señaló el silencio. Explicó las razones estructurales detrás de ese silencio.

En un fútbol donde cada detalle del espectáculo empieza a estar regulado, controlado y aprobado, su voz recordó algo elemental: el periodismo no está para proteger bostezos presidenciales, sino para mostrar la realidad, incluso cuando incomoda.

Después de un cuarto de siglo en pantalla, Jorge Baillo se va de VTV. Pero en este momento decisivo del fútbol uruguayo, su salida no suena a despedida. Suena a advertencia.

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