El ascenso siempre se juega al límite. En la cancha, en la ruta, en los bolsillos y también en la paciencia. Tucumán Central acababa de escribir una de esas páginas que justifican años de sacrificio: triunfo 2-1 en Salta ante Boroquímica y clasificación a la final de la Región Norte del Torneo Regional Federal Amateur. El sueño del Federal A estaba más cerca que nunca. Pero la alegría duró lo que tarda una imagen en recorrer las redes.

Dentro del micro que trasladaba al plantel de regreso, alguien apretó el botón del celular. La foto mostró a jugadores celebrando con bebidas alcohólicas y objetos que, a simple vista, parecían armas de fuego. En pocas horas, la imagen se viralizó y el logro deportivo quedó sepultado bajo una ola de críticas, sospechas y reproches. En el fútbol del ascenso, donde cada gesto se amplifica, la celebración se transformó en escándalo.

La reacción institucional no se hizo esperar. Tucumán Central emitió un comunicado oficial para intentar apagar el incendio. Allí aclaró que se trató de un festejo privado, mal interpretado, y sostuvo que las supuestas armas eran pistolas de juguete. El club negó cualquier intención de promover la violencia y pidió disculpas, al tiempo que llamó a reenfocar la atención en lo verdaderamente importante: la final que se avecina.

También hubo voces desde adentro del plantel. El arquero suplente Néstor Tonini, uno de los involucrados, dio su versión y admitió que no midieron el impacto de la imagen. Explicó que el clima era de distensión, de bromas tras una victoria clave, y que jamás imaginaron que una foto tomada en ese contexto iba a generar semejante repercusión pública.

El episodio volvió a poner sobre la mesa un debate recurrente en el ascenso argentino: la delgada línea entre lo privado y lo público en tiempos de redes sociales. Equipos que sobreviven con esfuerzo, jugadores que persiguen una oportunidad y clubes que luchan por crecer saben que un hecho extradeportivo puede desviar el rumbo, opacar el trabajo y hasta traer sanciones.

Ahora, Tucumán Central intenta pasar página. En el horizonte aparece Talleres de Perico, el rival en la final de la Región Norte, una serie que definirá mucho más que un resultado: un ascenso, un proyecto y una ilusión colectiva. El desafío será volver a hablar de fútbol, de goles y de sueños cumplidos, y no de una imagen que, por un instante, puso al ascenso en el centro de la polémica.

Fuente: M1

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